domingo, 28 de octubre de 2012

Al mal tiempo buena cara:


Otro fin de semana en Salamanca. Aburrido de correr por los caminos de zahorra de las afueras me decido a hacer una visita que tengo pendiente con la sierra de Candelario, concretamente decido subir al canchal de La Ceja y al Torreón desde la plataforma del Travieso. El camino está bastante marcado pero nunca he hecho el recorrido desde este lado de la sierra así que dedico un rato de la tarde del viernes a buscar por internet rutas que haya hecho alguien y a ver el tiempo que me espera para el sábado. En principio estará nublado pero sin mucha probabilidad de lluvia. Me descargo un par de rutas al móvil y otra en el reloj por si las moscas. Preparo la mochila para el día siguiente y a esperar que haga buen tiempo.




Sábado por la mañana. Mientras desayuno se pone a llover. Empezamos mal. Salgo de Salamanca bajo la lluvia con un día bastante gris y las nubes muy bajas. A lo largo de la autovía la cosa no mejora. Tramos con bastante niebla, bastante lluvia y nubes muy bajas tapan las montañas de la sierra de Béjar. Llego a Candelario sobre las 9:45 y la niebla no deja ver la sierra. Al menos parece que ha dejado de llover y que las nubes comienzan a levantarse. Quizá a lo largo de la mañana la cosa mejore. A las 10:00 me cambio y comienzo el ascenso desde la Plataforma del Travieso. Por encima de mi solo veo niebla y comienza a caer una suave llovizna pero después de una hora de camino no voy a volver a casa con las manos vacías. Es hora de empezar a subir mientras el tiempo lo permita.


El primer tramo es bastante técnico y hay mucha piedra suelta. El camino es prácticamente vertical por un camino de roca suelta entre los carabones y asciende, atravesando la niebla, hacia la cuerda de El Calvitero. Después de unos 20 minutos subiendo me encuentro con un grupo de chavales que salieron un rato antes que yo. El tiempo no acompaña y la conversación es breve, no saben si seguirán subiendo. Comienza a llover un poco más. Continúo con la ascensión. El camino sigue siendo bastante técnico pero muy bien marcado por lo que subo bastante confiado en poder volver sin problemas, a pesar de la niebla, si las cosas se ponen peor.


Ya en la cuerda de El Calvitero me encuentro con otro grupo de montañeros que atraviesan el arroyo del manantial. Un poco más arriba decido parar a ponerme el chubasquero pues comienza a llover con más intensidad y, después de cruzar unas palabras con ellos, continúo mi camino hacia el Calvitero. El camino se vuelve más tendido y menos técnico y puedo permitirme correr más constantemente. La lluvia y la niebla, acompañadas de un intenso viento helado se encargan de endurecer las condiciones. En un día claro las vistas ayudarían bastante a disfrutar de esta ruta pero hoy tengo que conformarme con superar el reto de unas malas condiciones en una ruta que no conozco. 


Durante el tramo de subida debería encontrarme con el Calvitero (que no es un pico en sí sino más bien un conjunto de rocas con un monolito de piedras dedicado a una virgen y un buzón de metal) pero, después de salirme del camino varias veces intentando encontrarlo sin suerte debido a la niebla, llego al final de la subida de la cuerda sin encontrarlo. Continúo por un pequeño tramo de bajada que me lleva a un cruce de caminos. A mi izquierda, dejo el valle de las Lagunas del Trampal. A partir de aquí conozco el camino, al menos lo conocería en un dia soleado, ya que hace poco subimos a La Ceja y al Torreón desde estas lagunas. Vuelvo a sentirme confiado a pesar de que la niebla no me deja ver más allá de unos 50-100 metros y que el tiempo empeora. 


Durante el tramo de subida a La Ceja comienza a llover con algo más de fuerza y el viento se vuelve más fuerte al ser la parte más alta del recorrido y estar completamente expuesta. Pierdo de vista los hitos y me pierdo por primera vez. El reloj me avisa de que estoy fuera de ruta y no veo un camino marcado por ningún lado pero, después de dar unas cuantas vueltas, consigo encontrar el pequeño cohete metálico que marca la cumbre de La Ceja. Aprovecho para sacar un par de fotos en el primer “checkpoint” de la ruta mientras comienza a llover con fuerza y el viento se vuelve más intenso. En estas condiciones se hace incómodo estar en la cima y apenas se puede ver nada así que enseguida me pongo en camino hacia el Torreón. En cuanto bajo un poco el viento se calma y puedo correr tranquilamente siguiendo de nuevo los hitos bajo la lluvia.


Llego a las agujas de Hoyamoros y, lamentablemente, tengo que conformarme con unas fotos que apenas dejan ver nada debido a la intensa niebla que se sube arrastrándose por las rocas. Continúo mi camino descendiendo hacia el Paso del Diablo, la parte más “peligrosa” de la ruta ya que las rocas están muy mojadas y algunas resbalan bastante. Debido a la niebla, o quizá a un fallo de orientación, termino bajando por un paso más bajo que el de la cadena pero llegando igualmente al Torreón. 


Al fin veo la inconfundible torreta entre la niebla, que ahora es bastante espesa. Hace mucho aire y frio y, además, estaba empezando a llover bastante de nuevo. Al haber bajado sujetándome con las manos a las rocas mojadas para evitar resbalones en la bajada de antes del Torreón tenía los guantes empapados y se me estaban quedando las manos heladas. Decido comer un poco y beber algo y ponerme cuanto antes en camino para la vuelta por si las condiciones empeoran.


En la vuelta si que aprovecho la cadena del Paso del Diablo para trepar hasta el otro lado. Las rocas resbalan bastante así que la siguiente zona de bajada entre las rocas la hago bastante despacio poniendo mucha atención para evitar algún susto. La posibilidad de un accidente en estas condiciones, aquí arriba y yendo solo, me impone bastante respeto. Por fin llego a la subida de tierra y puedo relajarme un poco. Ahora ya solo hay que poner el piloto automático y dejarse llevar de vuelta.


Llego de nuevo a la falda de La Ceja y dejo a mi derecha el valle de las Lagunas del Trampal. Es una pena no poder gozar de todas las vistas que me estoy perdiendo. A veces se deja ver, tímidamente, la claridad del sol entre las nubes y la niebla pero rápidamente comienza a llover bastante de nuevo. Noto el aire frio y húmedo golpeándome en la cara pero ya solo queda volver. Sigo los hitos y me cruzo con varios grupos de montañeros que aparecen de repente entre la niebla y continúo mi camino. Llego de nuevo a la zona de bajada de la cuerda del Calvitero y, de nuevo, paso sin verlo. Bajando, esta zona se hace más técnica, incómoda y larga aún, con mucha piedra suelta y resbaladiza debido a la dificultad añadida de las condiciones climáticas que me he encontrado. 


En el último tramo de bajada, cerca ya de la Plataforma del Travieso, son numerosos los pequeños senderos que atajan los zig-zags para unirse todos en torno al camino principal. Bajando por esta intrincada red de pequeños senderos me cruzo con un par de montañeros que ascienden entre la niebla y, aún no sé muy bien por qué, decido salirme de mi camino para continuar por el que ellos subían con la mala suerte de que termino perdiéndome entre la niebla y acabo atravesando un mar de carabones y bajando por un arroyo buscando la plataforma. Después de un rato, al no encontrar ningún hito con el que guiarme, tengo que tirar de móvil y usar el GPS para llegar a la plataforma (resulta que estaba a unos 100m). Habrá que darle las gracias a las nuevas tecnologías por sacarnos de estos apuros. 


A pesar de la calada y de la escasa visibilidad (yo iba con la idea de empaparme de preciosas vistas de alta montaña durante todo el recorrido) me vuelvo para casa contento. Ha sido una salida muy diferente a lo que me esperaba pero quizá más enriquecedora debido a las malas condiciones climatológicas. Habrá que repetirla con buen tiempo, o quizá con nieve… quién sabe.

  • Enlace al track de la ruta: TRACK
  • Enlace al álbum de fotos: FOTOS 
  •  Videos de la zona de La Ceja:


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domingo, 21 de octubre de 2012

Un año corriendo:

Después de un tiempo de parón bloguero tras mi paso por el V Maratón de los Artesanos de Torrejoncillo retomo la costumbre de contaros mis aventuras, esta vez profundizando un poco más y haciendo balance de mi primer año en el mundillo de la competición (aunque realmente yo haya optado más por la diversión y el placer que por la competición en sí misma). 


 
Hoy se cumple un año de mi primera participación en una carrera, de la primera vez que me puse un dorsal. Apenas llevaría entrenando un par de meses y me costó bastante trabajo terminar los 7,5km por el centro de Salamanca que recorre la carrera CISE. Mis entrenos consistían en salir a trotar algunas mañanas por las calles de Salamanca una horilla, un máximo de 8km a ritmo borreguero, para estar un poco en forma más que nada. Y ahí estaba, con más nervios que otra cosa. A duras penas conseguí terminarla y no sé si fue el ambientillo o el hecho de competir pero algo cambió dentro de mí.


Poco después, a mediados de noviembre, el Pérez y Luis me convencieron para realizar la Ruta de Carlos V corriendo. Este fue el reto que verdaderamente marcó un antes y un después en mi vida. A partir de ese momento cambié totalmente mis costumbres y mis aspiraciones enfocándolas a este maravilloso mundo del trail running. De pequeño solía hacer muchas excursiones por la sierra con mi familia. Siempre me han gustado mucho la naturaleza y la montaña. Disfruto con sus vistas y con las sensaciones de libertad que siento al estar en ella. Cualquier persona que comparta esta afición sabe de qué hablo. Después de haber estado tanto tiempo separado de ella, viviendo en la ciudad, encerrado en casa frente al ordenador, pasando los fines de semana de bar en bar, sobreviviendo a las resacas y llevando una vida totalmente pasiva e insana… este reto de llegar a Jarandilla desde Tornavacas atravesando la montaña en un día bastante nublado, con el suelo húmedo lleno de arroyos, el aire fresco y los colores del otoño, con una compañía inmejorable y esas maravillosas vistas, me hizo sentir de nuevo algo en mi interior que me cambió por completo convirtiéndome en lo que soy ahora. Vamos, que debí darme algún golpe y se me apareció san Kilian Jornet como me dicen algunos en plan de coña.


Agradezco mucho al Pérez y a Luis el haberme convencido a participar en este reto, para mí literalmente imposible por aquel entonces pues era la primera vez que corría por montaña y, además, tenía que superar una distancia de 25km muy técnicos cuando lo máximo que había corrido hasta el momento eran 8-10km por el llano asfalto salmantino. Es inevitable, al hablar de este reto, recordar con cariño a Jose y Joanna, nuestros compañeros del Club Tierra Trágame que, trágicamente, nos dejaron este verano en el Mont Blanc y que justo conocí aquel día. Fue un placer compartir aquel mágico trayecto y conocer, en gran medida gracias a vosotros, el placer de correr por la montaña.


Desde aquel día, para mí, los entrenamientos en asfalto tienen como único objetivo adquirir fondo suficiente como para disfrutar el máximo posible en la montaña. Cada fin de semana necesito mi dosis de montaña, de soledad, de ese sufrimiento placentero, de esa retroalimentación con la naturaleza. Es algo que me mantiene vivo, que me hace sentir paz, que me hace ser feliz. La semana que no puedo acercarme a Jerte, participar en alguna carrera o hacer un entrenamiento por montaña siento como si me faltara algo. Estoy literalmente enganchado. Paso los fines de semana corriendo, montando en bici, escalando, paseando… da igual mientras pueda estar allí arriba, sentirme libre, volver a mis raíces, olvidarme durante un tiempo de este deprimente mundo real y disfrutar del mío, donde todo se reduce a dar un paso más, una zancada más, una pedalada más… Llegar allí donde me permitan mis piernas y disfrutar del trayecto y del entorno, sin más.


Durante este año he ido llenando el armario de mi cuarto con dorsales de las carreras en las que he participado, he cambiado mi habitación por completo para poder hacer sitio a zapatillas, mallas, pantalones cortos, camisetas, culottes, maillots, mochilas, bastones, gorras, chubasqueros, cortavientos… y todas esas cosas que jamás imaginé que tendría y que ahora forman parte de mi día a día. He pasado de acostarme borracho de madrugada después de una noche de fiesta a acostarme a las 11 de la noche y levantarme a las 5 de la mañana para ponerme el frontal y disfrutar de un amanecer en lo alto de la sierra, de pasarme el día tirado en el sofá a pasar 5 o 6 horas trotando por la montaña. Algunos piensan que me he vuelto loco, otros que soy un aburrido, otros que es algo pasajero. No creo que sea ninguna de esas cosas, simplemente lo hago porque me llena, me hace feliz, me permite disfrutar y, mientras sea así, seguiré haciéndolo.


A lo largo de este año he dejado atrás muchas experiencias y retos que he ido superando. La competición principal en la que he decidido centrarme este año ha sido la Copa de Extremadura de Carreras por Montaña. En ella disputé mi primera media maratón después de pasar la noche con el Pérez en un albergue perdido de la mano de dios en Quintana de la Serena, solos y muertos de frio. Gracias a sus ánimos conseguí llegar a meta después de llevar varios kilómetros sin poder soportar el dolor de piernas. Le siguió otra media maratón, la de Guadalupe, donde la inexperiencia me hizo tomar la salida después de llevar varias horas sin comer nada y llegué a meta muerto de hambre y totalmente vacío. La carrera de Plasencia donde disfrutamos, por fin cerca de casa, corriendo por los senderos de Valcorchero.


Ya en abril llegó uno de los momentos más emotivos del calendario, el día que celebramos nuestra II Carrera por Montaña Garganta de los Infiernos. He tenido el honor de ayudar a organizarla junto al Pérez, pasando mucho, mucho tiempo aprendiendo lo trabajoso que es, el tiempo y el esfuerzo que requiere organizar una prueba de este tipo. Después de muchos quebraderos de cabeza llegó el día de participar en ella. Conmigo mi hermano, amigos de toda la vida, compañeros de club y gran cantidad de nuevos amigos de este mundillo de las carreras. Las sensaciones que sentí ese día serán difíciles de olvidar y espero que pueda disfrutarlas muchos, muchos años más.


Ya durante la cerecera participé en mi primera Carrera Pencona. Una de las citas que más expectación me despertaban debido a su extrema dureza y tecnicidad. Llegué a meta cojeando por la maldita rodilla pero contento pues, a día de hoy y a pesar de las molestias en la rodilla, ha sido la carrera en la que más cómodo me he sentido. Participé en la Crono Asperillas de Casas del Castañar, otra carrera “en casa” donde el estrés de las salidas cronometradas cada 30 segundos me jugó una mala pasada pero que, igualmente, disfruté como un enano junto a muchos compañeros, amigos y conocidos del mundillo que, poco a poco, se van convirtiendo en compañeros de fatigas.


A finales de septiembre llegó la gran cita de este año: El V Maratón por Montaña Pueblo de los Artesanos de Torrejoncillo. Había realizado varios entrenamientos de distancia y desnivel similar. Estaba muy nervioso pero no le tenía miedo. Me consideraba suficientemente preparado como para superarlo. Pero ese día la montaña me ganó a mí. Aprendí, con dolor, que un maratón siempre será un maratón, que no es lo mismo entrenar 50km a nuestro ritmo, con pequeños descansos, que competir durante 42 duros kilómetros… Pero llegué. Sufriendo, cojeando, hecho polvo pero llegué. Ese día aprendí a no perderle el respeto a las carreras ni a la montaña y, después del inevitable bajón anímico, volví con energías renovadas.


Durante este año he participado en otras carreras fuera de la copa que me han marcado, por ejemplo el KM Vertical del Calvitero. Llegar a Candelario en pleno invierno, ver la sierra completamente blanca por la tremenda nevada que cayó esa noche y visualizar el recorrido desde la plaza hasta la meta atravesando toda esa nieve no tiene precio. No podía resistir las ganas de echar a correr. Compartí gran parte del recorrido con Santi, de TRBS, un gran compañero y buen amigo gracias a las nuevas tecnologías. También en Candelario participamos en el primer cross por montaña que celebraban en esta localidad, mi primera carrera sobre la nieve y la primera carrera por montaña de mi hermano. Mi padre esperándonos en la meta a los dos.


Recuerdo cada entrenamiento de este año. Empezar trotando suavemente por Salamanca o subir corriendo hasta el mirador de Los Pilones y pensar que eras dios… Las primeras salidas por el Reboldo y por la Garganta de Los Infiernos. Aquellos ritmos del Pérez o de mi tio Victor que era incapaz de seguir. Los entrenamientos en grupo con los compañeros del club. Perder el miedo a entrenar solo por lo alto de la sierra, la ilusión por correr cada vez durante más tiempo y más kilómetros. Mi primera subida al Collado de Las Yeguas en solitario el dia de nochebuena. La primera ida y vuelta a Jarandilla con Luis en semana santa, con tormenta de nieve incluida a la vuelta. La subida vertical al Torreón con la nieve deshaciéndose bajo mis pies y hundiéndome en ella hasta la cadera. Volver con las piernas completamente llenas de arañazos después de atravesar kilómetros de carabones. El golpe de calor que me hizo volver a oscuras y sin luz desde el Collado de Las Yeguas una noche de verano sin apenas fuerzas para mover las piernas. Los entrenamientos a oscuras por la garganta con el frontal, concentrado únicamente en mis pies y en el silencio de la noche. La ida y vuelta a Jarandilla por la ruta de Carlos V en solitario del dia de la feria de San Gil en Jerte, mi mayor distancia hasta la fecha…


Son tantos los recuerdos de este año que me resulta difícil resumirlos todos en esta entrada. Recuerdo cada carrera, cada entrenamiento. No cambiaría por nada cada gota de sudor, cada dolor de rodilla, cada arañazo y corte en mis piernas, cada amanecer en la sierra, cada reto superado o cada llegada a meta. Cada día me alegro de haber introducido este cambio en mi vida pues, cuando estoy corriendo, allí arriba en la montaña, me siento completo, me siento feliz, me siento YO.


Quería aprovechar esta entrada tan “melancólica” para dar las gracias a tantas y tantas personas que han compartido conmigo este año de aventuras y que, posiblemente, compartan muchas más en el futuro. Seguramente se me olvidarán muchos nombres, y no por ello son menos importantes, así que intentaré citar literalmente sólo a los más cercanos: Pérez, Luis, Susi, Javi, Fery, Victor, César, Jesús, Tana, Paquito… todas aquellas personas que he conocido en cada carrera y que, cada día, son un poco más “amigas” y un poco menos “conocidas”, a aquellas personas que, sin conocernos en persona, comparten afición conmigo en las redes sociales. A todos esos locos de la bici de Cabezuela y alrededores, ha sido un placer conoceros y compartir con vosotros esa otra gran afición. A los Garrulos por acompañarme en mis primeros pinitos de escalada. A todos los demás amigos y compañeros del Club Deportivo Jerte. Y por supuesto a mi familia, a mis padres, a mi hermano y a Marga por aguantar mis locuras y por hacer el esfuerzo de intentar compartir algunas de ellas. A todos vosotros y a los que no he podido nombrar para no hacer esto eterno muchas gracias por estar ahí y por formar parte de mi mundo.


Por cierto, el pasado fin de semana nuestro Club Deportivo Jerte cumplió un año. Objetivamente el balance de este primer año es muy positivo. Hemos realizado gran cantidad de actividades con los niños de nuestro pueblo. Hemos conseguido reactivar las ganas de hacer deporte en muchos de nuestros vecinos. Hemos llevado a cabo proyectos de gran envergadura como la Carrera por Montaña de la Garganta de Los Infiernos, las rutas de mountain bike, cada vez más multitudinarias, o la construcción del rocódromo de Los Papúos (actualmente con algunos problemillas burocráticos que esperamos resolver cuanto antes). Pero sobre todo hemos conseguido crear nuevos lazos de amistad y compañerismo entre gente de todos los pueblos del valle y de los alrededores expandiendo nuestro proyecto más allá de lo que cualquiera de nosotros esperaba. Ojalá nos queden muchos años por delante y consigamos hacer esto más grande. ¡¡MUCHAS FELICIDADES!!


  • Colección aleatoria de imágenes de todo este año: FOTOS   
  • Video que me encontré ayer por internet y me apetecía compartir:
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lunes, 1 de octubre de 2012

V Maratón por Montaña "Pueblo de los Artesanos":

A decir verdad no sé muy bien cómo tratar esta entrada, si hablar sobre una derrota o sobre una victoria. El pasado domingo me enfrenté a mi gran reto de este año: el V Maratón por Montaña “Pueblo de los Artesanos” de Torrejoncillo. Las expectativas que tenía puestas en esta prueba eran bastante altas y, a decir verdad, no le tenía mucho miedo puesto que la distancia la veía asequible (después de varios entrenos de distancia semejante) y el desnivel no parecía exagerado (unos 2500m acumulados en 42 km), había visto los vídeos de presentación con las zonas más intimidantes, había repasado el perfil en varias ocasiones… 



Pero la realidad, como siempre, supera la ficción y el maratón superó todas mis expectativas e ilusiones. Aún así conseguí terminarlo. Tras mucho sufrimiento, y después de tragarme mi orgullo, llegué a la meta después de llevar andando y cojeando alrededor de 8 km, entre aplausos y gritos de ánimo de los compañeros que ya habían conseguido terminar esta odisea. Esa es la imágen que me quedo. Ha sido una gran experiencia que me ha hecho conocer un poco más mis límites y mis debilidades, haciendo que me conozca un poco mejor y dejando una espinita en el corazón que trataré de sacar en la próxima edición, en la que espero llegar más preparado y con un extra de experiencia.


La jornada comenzó muy temprano. A las 6:40 salimos de Jerte y a las 8 cogimos el autobús en Torrejoncillo que nos llevaría hasta Portezuelo, donde teníamos la salida de la prueba. Los nervios se hacían notar y sólo eran superados por las ganas de comenzar este desafío durante tanto tiempo esperado. Tras unas carreras de calentamiento tomamos la salida después de un minuto de silencio por la reciente pérdida del padre de Pedrito. La primera subida, hasta el Castillo de Portezuelo, nos da una idea de cómo va a ser la maratón: una subida totalmente vertical y en línea recta desde el pueblo hasta el castillo. Empezamos a sudar en menos de 1 km. Una vez arriba recorremos las crestas de la sierra hacia la primera bajada, también muy del estilo del maratón: una recta bajada por un cortafuegos con mucha piedra suelta. 


Después de una pequeña subida llegamos al primer avituallamiento y desde ahí llaneamos, picando un poco hacia arriba, por una pista forestal hasta pasar por el Poblado del Arquillo que le da un toque místico a la prueba, parece que estemos en un lugar y un tiempo totalmente distintos entre las casas de piedra y la hierba verde en el suelo. Seguimos subiendo un poco más y, sin darnos cuenta, se presenta ante nosotros la primera dificultad seria del circuito: la subida al pico de La Silleta (un cortafuegos vertical con un piso muy graso de piedra suelta, una longitud de algo más de un kilómetro y un fuerte desnivel). Tirando de paciencia consigo coronar la cima con las piernas bastante cargadas pero aún enteras.


En la cima tenemos otro avituallamiento y comenzamos una larga bajada por pista forestal en la que podemos soltar las piernas y descansar un poco de la subida. Llegamos a la cancela que nos deja en el camino exclusivo para el maratón. Continuamos por una pista que nos lleva a una zona de bajada bastante técnica y empedrada y, posteriormente, a una larga cuesta de cemento que nos castiga las piernas y que nos lleva a las calles de Cañaveral. De nuevo volvemos a ascender por una pista que nos llevará a la segunda subida importante de la mañana: La subida de la cantera y el cortafuegos de El Reventón. Empiezo a notar las piernas bastante pesadas pero aún les queda combustible. Jesús y Pérez me alcanzan y terminan pasándome. 

La subida de la cantera se vuelve muy dura y tengo que hacerla bastante más lenta que la de La Silleta. Al llegar arriba troto un poco para no perder el contacto visual con Jesús y Pérez pero cada vez se alejan más. Poco después, sin tiempo para recuperar, nos enfrentamos a una de las subidas más duras del día: el cortafuegos de El Reventón. Visto desde abajo parece más empinado que La Silleta y, a pesar de ser más corto, tengo que parar varias veces durante la subida para recuperar el aliento. Los kilómetros y las duras subidas y bajadas empiezan a hacer mella. Al llegar arriba recupero fuerzas y me dejo llevar en la bajada, totalmente recta por cortafuegos, hasta el avituallamiento. En esta bajada ya noto que mis piernas no tienen fuerza para frenar y empiezo a temer lo peor.


Después del avituallamiento recorremos de nuevo una pista forestal por un pinar en la que pierdo de vista a Jesús y a Pérez hasta el final de la prueba. Mis temores se confirman y noto las piernas sin fuerzas, empieza a dolerme la parte derecha de la cadera pero continúo corriendo a ritmo más lento. Aún no se han terminado las sopresas y, después de pasar por la finca de Los Canchales y descansar en el avituallamiento, nos encontramos con una última subida vertical que termina de mermar mis piernas. Llego arriba totalmente exhausto y por fin veo Torrejoncillo. Parece estar a años luz de donde me encuentro. Llevamos unos 30km y mis piernas parecen vacías. Empiezo a notar también dolor en la rodilla izquierda. Comienza el principio del fin.


A partir de aquí el resto de carrera consiste en una bajada por pista recorriendo un pinar y después llanear por las dehesas de Torrejoncillo hasta la meta. Me duelen mucho las piernas y, durante unos 4 km alterno un trote lento y doloroso con una marcha a pie lo más rápido que me permiten las piernas. Antes de terminar la pista del pinar mis piernas dicen basta y, desde el kilómetro 34 ni siquiera puedo trotar. Recorro todo el tramo de dehesa andando lo más rápido que puedo, cojeando y dándole vueltas a la cabeza. Me planteo varias veces si debería abandonar, ya que ni siquiera puedo trotar, pero el orgullo no me lo permite y paso por los avituallamientos hidratándome lo más posible y continuando mi camino hacia la meta contando los kilómetros que me faltan bajo el sol de medio dia. 

Llevo kilómetros pensando que soy el último pues no imagino a alguien que lo lleve peor que yo pero aún así, en el último tramo de la dehesa, me adelanta un corredor y, en los dos últimos kilómetros, me pasan otros dos. En el último avituallamiento me informan de que aún hay 14 personas más que no han pasado aún por ese control. Debe estar siendo muy duro si hay gente aún por detrás de mí. Llegando a Torrejoncillo intento trotar para no entrar en el pueblo andando, pues realmente me da algo de vergüenza, pero ni siquiera puedo dar tres pasos corriendo y tengo que resignarme a entrar en el pueblo andando y cojeando y así continúo por las calles hacia la plaza. Subiendo la cuesta que lleva a la meta la gente me aplaude y me da ánimos, me siento feliz a pesar del dolor. Consigo llegar a la plaza y cruzo la meta cojeando. He entrado en tiempo, faltan 15 minutos para que se cierre la meta. La prueba me ha superado por completo y compruebo que, efectivamente, la había subestimado. 


He sufrido mucho durante los últimos 12km y, aunque parezca mentira, me duele más el orgullo herido que las piernas. Es duro tener que rendirse y cambiar las espectativas de un buen tiempo por las de ser "simplemente" finisher. He aprendido a respetar este tipo de pruebas y he conseguido terminarlo a pesar de todo. Supongo que también puedo usar mi orgullo como excusa para volver al año que viene con un poco más de experiencia y preparación para sacarme la espinita.


Mis felicitaciones al campeón del maratón: Pedrito, con un tiempo estratosférico de 3:12, a Miguel Madruga por su segundo puesto con 3:29 y, sobre todo a los dos compañeros y amigos de Tornavacas: Susi y Javi (tercero y cuarto respectivamente con 3:35 y 3:40). Sois un ejemplo a seguir y me alegra que tanto entrenamiento y esfuerzo haya tenido esta recompensa. Es un placer teneros con nosotros. Enhorabuena!

  • Enlace al track de la ruta: TRACK
  • Enlace al álbum de fotos: FOTOS