miércoles, 24 de abril de 2013

III Carrera por Montaña Garganta de los Infiernos (Corriendo en casa):


¡Cómo pasa el tiempo! Hace un año que, a petición de mi hermano, comencé esta aventura de escribir en un blog mis aventuras y desventuras montañeras. Hace un año de aquella primera vez que me aventuré en ayudar a organizar la Carrera por Montaña Garganta de los Infiernos. Mucho ha llovido desde aquellos días y mucho es lo que hemos aprendido a lo largo de todo este año. Para esta tercera edición, el principal objetivo era superarnos como organización y como carrera. Hemos incrementado la distancia, el desnivel y la dureza del recorrido, haciéndolo más técnico, más montañero, más “nuestro”. Hemos intentando mostrar esos maravillosos lugares de Jerte que no suelen aparecer tanto en los medios y en las postales (creemos firmemente que Jerte no son sólo cerezos en flor o los llamativos Pilones…). 

Hemos intentado, por todos los medios a nuestro alcance y dando todo lo que llevábamos dentro, promocionar lo más posible nuestra prueba, darla a conocer fuera del territorio extremeño, gritar fuerte en toda España que Jerte está ahí y que no quiere conformarse con ser una pequeña prueba local o regional sin más alicientes. Creemos que el recorrido de nuestra carrera merece la pena y tiene todo lo necesario para convertirse en una gran prueba, aún siendo una prueba corta y no excesivamente dura para su condición de carrera por montaña (de este modo intentamos mantener nuestro guiño al público popular que viene a Jerte para disfrutar de una carrera en plena naturaleza). También nos gustaría destacar que tanto el pueblo de Jerte, en general, como nuestros colaboradores, en particular, no se quedan atrás con respecto a cualquier prueba “grande” en cuanto a animación, apoyo y entrega. Pero bueno, vayamos por partes.



Comenzaré diciendo que llevamos dedicando grandes esfuerzos a la organización de esta tercera edición desde el mismo día que terminamos la segunda. Han sido muchos meses de preparación y de trabajo continuo que, este año, ha resultado más llevadero gracias a que contábamos con bastante experiencia del año pasado (de hecho Jose, el auténtico organizador y padre de la carrera, ya contaba con experiencia de las otras dos ediciones). Los últimos meses y, sobre todo, el último mes, ya han sido otro cantar.


En primer lugar, y no es por tirarnos flores, sabíamos que habíamos hecho un gran trabajo con la carrera, el recorrido este año iba a ser muy llamativo y, sólo con eso, ya contábamos con llamar la atención de muchos corredores. En cuanto a promoción quizá se nos fue un poco de las manos ya que, gracias a mi enorme actividad en facebook y a mi vicio con el mundo de las carreras por montaña, conseguimos llegar rápidamente, y en muy repetidas ocasiones, a una gran cantidad de público aficionado al mundo del trail, lo cual nos facilitó bastante las cosas. El gran trabajo de Dani con el vídeo promocional (un video de calidad totalmente profesional y elaboración puramente artesanal) y la mano que nos echó Santi con la entrevista para su web de TRBSports (que visitan diariamente miles de personas del mundillo) terminaron de provocar el tremendo boom mediático la semana antes de abrir inscripciones y el resultado no se hizo esperar: en tan sólo 21 horas se agotaron las 200 plazas oficiales que pusimos a disposición del público. Personalmente, ese día no cabía en mí de gozo. Tengo que admitir que estaba como en una nube, sabía que iban a agotarse rápido pero, a pesar de haber bromeado en alguna ocasión con llenar las plazas en un día, jamás me imaginé que seríamos capaces de hacerlo realidad. Fue increíble. Muchísimas gracias a todos los participantes por confiar en nosotros y por todas las sensaciones que nos habéis permitido vivir a lo largo de este último mes.


Durante los 30 días que han pasado entre el cierre de inscripciones y la celebración de la prueba lo más destacable ha sido el gran trabajo que ha supuesto la gestión de la lista de inscritos para poder dar cabida a unos 10 de los más de 30 corredores que manifestaron su deseo de formar parte de nuestra lista de espera (era la primera vez que nos veíamos obligados a tener lista de espera y la verdad es que hace una ilusión tremenda saber que hay gente que, a pesar de quedarse fuera, está ilusionada y quiere intentar por todos los medios, hasta el último día, participar en nuestra prueba). También tuvimos que vivir la ampliación de plazas con el procedimiento especial de la FEXME para poder dar cabida de alguna manera a los corredores federados extremeños para que pudieran representar a sus clubes en el Campeonato de Extremadura por Clubes de Carreras por Montaña y para que, también, pudieran puntuar en la Copa de Extremadura pues nuestra carrera era también la primera prueba puntuable de la Copa. Para el año que viene esperamos tomar medidas para mejorar la gestión en este aspecto.


En fin, que poco a poco se iba acercando el esperado fin de semana y los nervios iban estando, cada vez más, a flor de piel. En semana santa realizamos un inolvidable entrenamiento guiado (y pasado por agua) con algunos de los corredores que, después, han participado en la prueba (me tocó hacerle de guía a Alvarito, ganador de esta tercera edición, desde lejos y con la lengua fuera. ¡Vaya máquina este chico!). Hace poco que tuvimos que pasar más de 8 horas balizando el recorrido y volvimos a realizar un entrenamiento guiado con nuestros amigos de Plasencia para comprobar el balizado al día siguiente. Todos los preparativos estaban listos, las marcas colaboradoras muy entregadas ofreciéndonos gran cantidad de regalos para los ganadores y nuestros colaboradores, en su mayoría amigos y familiares, con ganas ya de empezar a trabajar para volver a hacer de la carrera un día de fiesta local en Jerte.


El sábado 20 de Abril fue un día largo aunque muy de agradecer. Para nosotros, el previo de la carrera es un día para disfrutar, para compartir, para trabajar juntos preparando la prueba con una ilusión colectiva que se contagia y se hace notar, es un día en el que muchos socios del Club Deportivo Jerte y amigos de toda la vida compartimos risas y energías para intentar lograr agradar lo más posible a nuestros participantes durante el día de la carrera. Para nosotros es un día de fiesta y, como tal, lo vivimos. Después de preparar la cartelería, los dorsales, las bolsas de corredor, organizar las camisetas, preparar los bocadillos y las frutas para el avituallamiento final de los corredores y todas esas cosas, nos tomamos un ratillo de sosiego para descansar pensando ya en el día siguiente y prontito a la cama para intentar descansar. Personalmente ese día no dormí ni tres horas debido al estado de nervios que tenía encima. La alta expectación que había creado la prueba me tenía en vilo por la incertidumbre de si seríamos capaces de estar a la altura y, además, hay que añadir la presión de correr en casa. En fin, a lo que vamos que ya me estoy alargando mucho y seguro que os estáis durmiendo… ¡Cambiad la bobina y daos unas palmaditas en la cara que empieza lo bueno! 




Por fin es 21 de Abril. Ya no hay vuelta atrás y vivo toda la mañana de este día como si fuera montado en un fórmula 1. Conozco a tanta gente y hay tantas cosas a las que atender que apenas tengo tiempo para pensar en lo que digo, hablo, hago, cuento, pienso, siento… Ahora, sentado en la silla, me doy cuenta que gestioné la mañana según me iba viniendo, sin pensar, dejándome llevar. Disfruto de cada momento, de cada conversación con esos amigos que voy conociendo en este mundillo de las carreras y que, hoy, son mis invitados. Me animo charlando con los compañeros del club, con aquellas personas que no suelen participar en estas carreras pero que, hoy, se han puesto la camiseta roja para defender nuestros colores. Disfruto de la ilusión de cada habitante de Jerte que siente nuestras piernas como si fueran suyas, de la emoción con la que mi padre y mi madre nos abrazan para inmortalizar los momentos previos a la carrera con una foto familiar… En fin, son muchas las sensaciones y emociones que se viven en este rato de espera antes de comenzar a correr, me siento en un estado de embriaguez mental que me rodea como si estuviera en una burbuja en la que mi mente es incapaz de gestionar todo lo que está sucediendo a mi alrededor y los minutos van pasando mientras la sonrisa no desaparece de mi cara.

 
Breve calentamiento por las calles del pueblo, últimos saludos, última meada nerviosa, control de dorsales e inolvidable visión de la calle completamente abarrotada de gente a la espera de la salida bajo el arco. Intento ganar algunas posiciones entre la multitud antes de empezar pues sé que si salgo muy atrás va a suponer un considerable gasto energético extra recuperar esos puestos. Al final me quedo en el medio para no molestar a los corredores punteros. 


Los corredores empiezan a gritar cada vez más alto como si de los 300 espartanos de Leónidas se tratara, disparando los latidos de mi corazón hasta límites insospechados, la adrenalina se dispara por mis venas y, de repente, suena la bocina, la visión se cierra, las piernas empiezan a moverse y todos salimos disparados calle arriba. Aún ahora, contándolo, se me acelera el pulso al recordar ese momento. Voy recuperando puestos a medida que subimos por el pueblo, esquivando bolardos, coches, codos y piernas del resto de corredores… hasta encontrarme en un sitio más o menos cómodo. El corazón sigue a mil, como si acabara de correr un sprint, queriendo salirse del pecho. Decido reducir un poco el ritmo para no pinchar en la primera cuesta y me concentro en controlar el pulso, la respiración y, sobre todo, los nervios y la presión. Pasamos por la explanada del puente. Entre todas las voces de la gente escucho el grito de ánimo de mi madre que termina de lanzarme hacia adelante. Comienza la verdadera carrera. 


Durante la primera subida el objetivo era rebasar a Álvaro y ponerme cerca de Pedro (tenemos un nivel parecido y más o menos me serviría de guía para buscar mi posición). Adelanto a Vanesa, la primera de las chicas, adelanto a Álvaro y termino adelantando también a Pedro. Gestiono la subida para llegar al primer sendero de bajada con las piernas controladas. Me lanzo con calma en la bajada, intentando recuperarme del esfuerzo de la primera subida. Escucho, como de fondo, los ánimos del Pére que está sacándonos fotos en el primer saltillo de pared que nos encontramos. 


Continúo el sendero y, al llegar a la pista, me encuentro con Monchi y con los niños de la cantera del club animándome a voces. Aumento un poco más el ritmo durante la bajada pero controlando las piernas para que no se recalienten, guardando. Lo bueno de conocer el recorrido es que soy consciente de que luego voy a necesitar los depósitos llenos en los últimos kilómetros. Pedro me pasa y le dejo irse, él tiene una zancada mucho más larga y fuerte que la mía. Continúo manteniéndome hasta llegar al sendero de las Merinas.


Recorro el sendero a buen ritmo, intentando mantener controlado mi cuerpo. Respiro hondo para bajar mis pulsaciones a la vez que intento no perder ritmo en las piernas. Subimos las escalerillas que nos dejan en el primer avituallamiento donde Tito está sacándonos fotos, me mojo la boca un poco pero apenas bebo agua (beberé más adelante en la fuente antes de la subida). Me lanzo en la bajada bastante rápido pero guardando fuerzas para el paso por Los Pilones. Pequeño llaneo picando hacia arriba al llegar abajo hasta alcanzar la entrada de Los Pilones donde me encuentro a mi padre sacándonos fotos que me anima para seguir adelante, miro el reloj y llevo algo más de 25 minutos. Primer control personal de tiempo muy bueno, creo que es la vez que más rápido he llegado a Los Pilones. 


Atravieso el puente y comienzo a escuchar gritos animándome. Levanto la vista y me encuentro a Tente y con el grupo que le acompaña en una visita por la garganta y que nos animan con gritos “personalizados” a pesar de no conocernos de nada. De nuevo es como si las piernas pesaran menos y asciendo a toda velocidad hacia la parte alta del paso de Los Pilones. En la subida hacia el sendero que recorre la garganta tengo que ceder y doy un pequeño descanso a mis piernas para subir algún tramillo andando y tirando un poco de riñones. Recupero el aliento antes de llegar al llano y de nuevo a trotar cada vez más rápido a lo largo del sendero. Mantengo una velocidad de crucero ligeramente superior a lo que estoy acostumbrado aunque bastante cómoda hasta llegar a la fuente en la que aprovecho para hidratarme un poco pensando ya en la subida por la Garganta Chica. 


Termino de beber y me encuentro con Suso que me alcanza. Continuo subiendo por el sendero con energías renovadas, deseando llegar a la parte más técnica cuanto antes, mi zona habitual de entrenamiento, donde me desenvuelvo mucho mejor que en estos llanos más rápidos. Comenzamos el ascenso. Manos a las rodillas y a andar lo más rápido que me permitan las piernas. En los pequeños tramos más llanos a trotar un poco para adelantar alguna posición y, de nuevo, a tirar de riñones para seguir ascendiendo. Recupero algunas posiciones trepando por las rocas en las continuas eses del sendero hasta llegar al paso del Arroyo de Los Gavilanes donde resbalo tontamente y meto los dos pies en el agua al intentar darle a Dani el envoltorio  de un gel que alguien ha debido “perder” por el camino. El incremento de peso en las zapatillas encharcadas se nota en los siguientes metros y tengo que luchar para mantener la posición. Durante el resto de la subida sigo adelantando corredores trepando por las rocas para no entorpecer su subida y alcanzo de nuevo a Pedro que me deja pasar justo antes de llegar al tramo de bajada. El hecho de conocer este tramo a la perfección después de haberlo recorrido infinidad de veces me permite hacerlo bastante rápido y llegamos al Puente Carrascal en algo menos de una hora. De nuevo mejorando cualquier tiempo realizado durante los entrenamientos.


Traguillo de agua, saludos a los senderistas del avituallamiento y me pongo de nuevo en camino detrás de Pedro. Pregunto mi posición y me dicen que voy el 45. Lo primero que se me pasa por la cabeza es que tengo que correr más para mejorarla pero, teniendo en cuenta los tiempos de paso que estoy haciendo y la cantidad y calidad de los participantes, intento  hacerme a la idea de que voy bastante bien y me limito a recorrer el sendero que nos lleva a la bajada por la calzada lo más rápido posible. Intento no separarme mucho de Pedro que, poco a poco, se va alejando de mi de nuevo. Lo importante es no perder contacto visual. Poco después de pasar la fuente de Robledo Hermoso me encuentro a Roberto, de Salamanca, parado, agarrándose fuertemente el pie. Ha sufrido un tropezón por ir cerca del corredor de delante y teme tener un esguince. Me paro unos minutos con él para ofrecerle mi ayuda. Después de apoyar varias veces el pie me pide que continúe sin él pues intentará continuar andando hasta el siguiente control. Me comprometo a avisar a los enfermeros en cuanto llegue al Puente Nuevo  y me pongo en marcha de nuevo. Un poco más abajo, ya suben los de Protección Civil y les aviso.


Continúo la bajada por la calzada intentando recuperar las dos o tres posiciones que he perdido con la parada. No tardo en recuperarlas antes de llegar al puente. A lo lejos, justo después del puente, veo pancartas de ánimo para los corredores del Club Deportivo Jerte. Parece que Alfonso ha podido poner los carteles de Luis para animarnos y está encima del camino tocando un campanillo y gritando para empujar nuestras piernas antes de afrontar la subida. Foto para el recuerdo de Santi y me coloco a rebufo del corredor que llevo delante para hacer más cómoda la subida por las rocas de la calzada. A medida que ascendemos voy viendo los distintos carteles de ánimo que me empujan hacia arriba. Me cruzo de nuevo con el Pére que está sacando fotos en la subida, me canta las posiciones de mis compañeros del club que van por delante (Jose, Miguel y Pedro), y me informa un poco sobre los tiempos. Poco después, al finalizar la subida, me encuentro un cartel que directamente dice “VAMOS KIKO” y termina de lanzarme hacia la majada de Alfonso. En la pista me encuentro de nuevo con mi padre que vuelve a animarme recuperando mis piernas para afrontar con fuerza el sendero de La Venta.


Llego al tercer avituallamiento con bastantes fuerzas aún en las piernas aunque consciente de que empieza lo duro. Tomo un poco de agua y rápidamente me pongo a bajar por el sendero del Collado de Los Lobos dejando atrás al corredor que me había servido de liebre a lo largo de los últimos kilómetros. Disfruto de la serpenteante bajada entre castaños y de los distintos saltos que me hacen divertirme y relajarme un poco mentalmente. Incluso me permito alguna floritura para intentar que Angelito, que está por allí sacándonos fotos, me saque “guapo” al saltar por encima del enorme castaño que corta el paso. Encaro el camino que comunica con la pista y llego a la dura subida por trocha que deja KO a más de uno antes de coronar cerca del Collado de Las Losas. Adelanto un par de posiciones en la subida y llego arriba con Juan Antonio Orgaz, con el que compartiré los 3 insufribles kilómetros de bajada a un ritmo cómodo y charlando de nuestras cosas como si de un entrenamiento más se tratara. Creo que es una de las cosas que más agradecí de la carrera pues la agradable charla me permitió afrontar esta dura bajada sin cargar las piernas.


Poco después llegamos al famoso charco que nos volvía a enfrentar a una tendida pero larga subida por sendero en la que me adelanto buscando ganar algo de tiempo. Nuestro amigo de Bikila, Ramiro, me pasa en el pequeño tramo de pista e intento no alejarme mucho de él aún sabiendo que, en terreno llano, no tengo nada que hacer. Llegamos a la pista del Reboldo donde nos esperan los chicos de la cantera del Club para darnos ánimos en el punto de control especial. Entre risas y sufrimiento continúo mi camino de ascenso cada vez con un ritmo más lento pero sin permitirme parar. Llego a la parte alta de la pista y comienza el tramo de bajada en el que me parece ver a Jose Colorao un poco más adelante. Me parece muy raro ya que Jose es el favorito de los jerteños. Al llegar a la última subida por sendero lo alcanzo. Me cuenta que en la bajada se ha fastidiado el tobillo que ya traía algo tocado antes de la carrera. Hacemos la subida juntos. Me dice que continuará hasta el final intentando no forzar mucho el pie así que lo dejo atrás en la bajada por pista hacia el último avituallamiento donde me dicen que voy el primero de Jerte (posición virtual ya que no conocen a Pedro y Miguel que van por delante de mi). Aún así me anima mucho y me lanzo con fuerza hacia la bajada.


El camino de los Tres Cerros es uno de los caminos que más disfruto recorriendo así que, sabiendo que es la última bajada y que voy muy bien de tiempo, me dejo llevar por la emoción y disfruto de él al máximo. Alcanzo de nuevo a Ramiro que me deja pasar ya que en las zonas técnicas yo soy más rápido y le hago de guía durante el interminable zigzag del Reboldo que nos deja en la encementada pista de Los Sotos donde le vuelvo a dejar pasar pues él es mucho más rápido en asfalto. Los últimos dos kilómetros me los tomo con calma pues, por experiencia, sé que mis pies sufren mucho en el cemento de la bajada. Mantengo un ritmo cómodo pensando ya en lo duros que se me hacen el pequeño repecho del puente y la cuesta de la Calleja de Los Bueyes. En el puente me pasa David Gil que me anima a continuar adelante pero le dejo alejarse poco a poco. Al pasar por el puente, los vecinos de Jerte me animan con sus gritos y sus aplausos y me ofrecen la energía necesaria para afrontar los duros últimos metros de carrera. Asciendo por la Calleja de Los Bueyes peleando contra mi mente para mantener un ritmo del que sentirme orgulloso al entrar en meta aunque ya hace varios minutos que las plantas de mis pies parecen arder dentro de las zapatillas. 


Por más que lo intento, literalmente no tengo palabras para expresar las indescriptibles sensaciones que se viven en estos últimos 200 metros de carrera. Si que puedo decir que es adictivo. Los gritos de la gente de fondo animándote, sin poder centrarte en ninguna de sus caras pues parece que la vista se reduce a una visión de túnel que te permite recorrer las calles hacia la plaza sin mirar dónde pones los pies, concentrado únicamente en las sensaciones que sientes, en la emoción del momento… No puedo expresar esos últimos minutos en los que, como en las películas, pasan por mi mente infinitas imágenes de los últimos meses a toda velocidad (entrenamientos, llamadas de teléfono, emails, viajes, mañanas de balizamiento, conversaciones… todo lo referente a la carrera). Ahora todo termina, es el final de la película. 

 
Encaro la entrada a la plaza bajo una lluvia de gritos y aplausos de la gente. Levanto los brazos en señal de gratitud por lo que me están haciendo sentir en este momento. Paro el crono (curiosamente, creo que es la primera vez que me acuerdo de hacerlo al terminar una carrera) con un tiempazo final de 2:08 que no me espero para nada pues mi idea era andar por las 2:30 de los entrenamientos. Este año no llevo música. El año pasado no pude saludar a mi madre al entrar en meta porque no la escuché. Este año le doy un abrazo y un beso antes de fichar mi código de barras (sabes que no soy muy de decir estas cosas pero ¡¡mil gracias por estar ahí y por los gritos de ánimo en la salida y en la llegada!!).


Me dirijo, como en una nube, hacia el avituallamiento final. Sin apenas poder articular palabras aún le pido a Marga agua, líquido, lo que sea, antes de darle un beso. Me arden los pies, me pesan las piernas, se me cae el plátano al suelo… Me siento al lado de Miguel (Madruga), para descansar un poco las piernas mientras comentamos un poco la jugada (aún no sabíamos que su quinto puesto en la llegada era, en realidad, un tercer puesto, pues dos corredores se habían saltado parte del recorrido y habían obtenido injustamente el tercer y cuarto puesto). Me quito las zapatillas y los calcetines para refrescar los pies. Me arden.


Las siguientes dos horas hasta la entrega de premios se convierten en una auténtica locura. Varios corredores accidentados que tienen que ser evacuados. Ambulancias que se están encargando de atender a más corredores con problemas en la parte más técnica de la carrera. El descubrimiento, y posterior demostración, de la trampa de esos dos corredores que habían recortado unos 4 o 5 km de recorrido saltándose las balizas y que habían obtenido injustamente, nada más y nada menos que el tercer y cuarto puesto. Las llegadas a meta de mis compañeros de club y de un montón de conocidos y amigos a los que apenas puedo prestar atención por estar a mil cosas a la vez. Felicitaciones y comentarios sobre la carrera por parte de todo el mundo. Entrega de premios. Despedida de los corredores como puedo y, de repente… El silencio. La calma. Parece increíble. La película termina mientras pasan los créditos sin banda sonora. Recogemos las cosas y cada uno a su casa. La aventura de esta tercera edición ha terminado. Parece increíble. Pero más increíble está siendo vivirlo desde la perspectiva de la calma que da el paso de los días con el trabajo ya asentado. Estoy deseando que empiece ya la cuarta edición. ¿Conseguiremos superar lo que hemos vivido este año? Va a ser un reto complicado pero, al menos yo, estoy dispuesto a mejorarlo. Por cierto, enhorabuena Alvarito por el carrerón. Enhorabuena Javi porque tú siempre serás, en parte, jerteño y como tal sentimos ese segundo puesto casi como nuestro (estoy seguro de que tarde o temprano te vamos a ver en lo más alto del cajón). Y enhorabuena Miguel por ese tercer puesto (sentimos el error con los nombres al subir al podio :$ espero que no nos lo tengas en cuenta).


Mis disculpas para todos aquellos corredores y amigos a los que no pude atender adecuadamente por tener que estar a otras cosas. A nuestros compañeros del Club Comesuelas de Badajoz por que con tanto lío no pudimos hacer ese minuto de silencio por vuestra compañera. Lo sentimos mucho de verdad. Espero que nos entendáis.

Soy consciente de que ha sido una buena chapa pero no quiero despedirme sin agradecer por enésima vez el trabajo y la entrega de todos los que habéis hecho posible esta tercera edición. Seguramente me deje a más de uno. A pesar de que la cabeza visible de la organización seamos un par de personas, son muchas más las que están detrás de todo esto y hacen posible que podamos disfrutar de esta carrera así que ahí voy:


Muchas gracias, sobre todo, a Jose por ser el padre y el promotor de todo el movimiento deportivo que está habiendo en Jerte, por aguantarme y por confiar en mí dejándome prácticamente al cargo de todo lo referente a la gestión informática, mediática y promocional de la carrera, permitiéndome sentirla como mía. Por ocuparse de todos los demás temas engorrosos (gestión del papeleo, viajes, negociación con los colaboradores y patrocinadores…). Esto es ampliable a todas las actividades del Club Deportivo Jerte aunque sabes que la carrera es un evento especial para mí. En fin, como dicen en mi casa, gracias por ser mi Don Quijote y dejarme ser tu Sancho Panza. 


Muchas gracias a mis padres y a Marga por apoyarme y aguantarme, por sufrir y dejarme disfrutar de cada locura que se me ocurre con esto de las carreras y mis entrenamientos en solitario (soy consciente de lo que tenéis que aguantar y sufrir por mi culpa), por sentir este día como un día especial en el calendario contagiándoos de mi entusiasmo. 


A mi hermano por haberse animado a participar en esta carrera, enhorabuena por el trabajo tan duro y metódico que has llevado a cabo para prepararla y porque, al final, has superado tus propias expectativas y has visto que, como te decía, no era tan fiero el león como lo pintaban.


Gracias a Luis por mantener mi ilusión activa en cada entrenamiento y por inventarse nuevos retos para superar cada vez que coincidimos. Por animarme a participar contigo en ellos y por confiar en mí para una aventura tan grande e importante como es la Travesera. Soy consciente de que el domingo no tuviste un buen día y te noté bastante bajo de ánimos al terminar. No te preocupes y no le des más importancia de la que tiene. Tienes suficiente experiencia para saber que, en esto de las carreras, hay días buenos y días malos. Estoy seguro de que en Asturias lo daremos todo y nos traeremos la camiseta buena, la de los que han ido y han vencido. Nos vemos el día 3 para hacer nuestra última locura juntos antes de subir a Picos. ¡¡Ánimo!!


Gracias a Dani por ese pedazo de vídeo promocional (trabajo de profesional, ¡enhorabuena!) que ha enamorado a todos los que lo han visto y que, personalmente, para mí, es uno de los mejores recuerdos de esta tercera edición. 


Muchas gracias también a nuestras chicas que reparten los dorsales y la bolsa de corredor que tienen que enfrentarse a infinidad de problemas y discusiones que son fruto del nerviosismo del momento. Realizando su trabajo de manera eficaz y haciéndose respetar muy educadamente, dando la cara por nosotros cuando exigimos que se cumplan ciertas normas y los corredores no las entienden (ya sea la entrega de DNI o de licencia federativa, tallaje de las camisetas y demás…). Desde aquí quiero dejar claro, para quienes no lo sepan, que ellas no son responsables de ninguna de las normas que tienen que seguir a la hora de entregar los dorsales y, sin embargo, son ellas las que hacen de escudo recibiendo, en muchas ocasiones, la frustración de los corredores mientras que nosotros recibimos, a posteriori, las alabanzas por el trabajo bien hecho así que mis agradecimientos son más grandes para vosotras. ¡¡MIL GRACIAS!!


Mención especial también para los servicios de emergencias de Cruz Roja y Protección Civil por la eficacia con la que resolvieron los accidentes que tuvieron lugar y, sobre todo, por la rápida reacción y buen hacer en la evacuación de la corredora que se lesionó en la parte más complicada del circuito y tuvo que ser evacuada en camilla.

Para finalizar me gustaría dar las gracias a todos los colaboradores que participan cada año en la carrera. Por ofrecer tremendos regalos para los ganadores sin apenas obtener beneficio por ello salvo breves menciones publicitarias. Sin su apoyo nuestra carrera no podría ser tan grande puesto que nuestro presupuesto es mínimo e intentamos depender exclusivamente de las inscripciones ya que creemos que el deporte es algo para disfrutar y no para ganar dinero. Muchas gracias por confiar en nosotros y seguir ahí edición tras edición.


Por mi parte nada más, gracias a todos y cada uno de vosotros por estar ahí cada día y por haber aguantado esta tremenda chapa que os he metido. Espero que comprendáis que esta carrera no es una carrera más y que tenía que soltar todo lo que llevaba dentro (de hecho tenéis suerte y he guardado algunas cosillas para “autoconsumo”). Espero que hayáis disfrutado tanto como yo y que hayamos conseguido que queráis volver para abril del año que viene. Acordaos de visitar nuestra WEB para poder ver todas las fotos, videos, noticias... que tenemos preparadas para vosotros y haceros seguidores de nuestra página de FACEBOOK

¡¡MUCHÍSIMAS GRACIAS!!



lunes, 1 de abril de 2013

Al mal tiempo buena cara:



Esta ha sido una Semana Santa especialmente pasada por agua. Aprovechando mis “vacaciones obligadas” he aprovechado para pasarla entera en Jerte y he podido disfrutar intensamente del agua, el barro y las rocas en varias ocasiones. Desde la segunda edición de la Carrera por Montaña TRANSCANCHOS de Plasencia (ya hablé de ella en mi anterior entrada), hasta la segunda entrega de mis “Entrenos Traveseros” con Luis rizando aún más el rizo y haciéndolo más largo y duro que la vez anterior. Como de la Transcanchos ya he hablado me centraré en lo acontecido el resto de la semana y, como se suele decir: Al mal tiempo buena cara.


Después del obligado descanso del lunes para recuperar un poco las piernas de los esfuerzos del barro placentino, el martes tocaba volver a desgastar zapatilla. El cielo estaba bastante cerrado y la incesante lluvia caía sobre Jerte sin tregua. Decidí salir a hacer un entreno tranquilo, a disfrutar de la lluvia y la niebla. El comienzo me resultó más duro de lo que esperaba y notaba las piernas aún cargadas de la carrera del domingo. Aún así seguí adelante y, después de un par de caídas sin importancia y resbalones en el barro del Reboldo, llegué a Los Pilones recortando unos 5 minutos a mi tiempo habitual. La verdad es que me sorprendió bastante y decidí continuar con mi ascenso hasta el Puente Carrascal para probar cómo se comportaban las piernas y practicar un poco sobre terreno resbaladizo. Para mi sorpresa conseguí llegar hasta el puente en 1:04 (alrededor de 10 minutos menos de lo habitual). Continué el recorrido de la carrera con la idea de establecer una nueva marca personal y, después de pelear con el barro y las hojas mojadas del tramo final del Reboldo, conseguí llegar al puente de Jerte en 2:15, lo cual supuso una buena inyección de autoestima pues suponía una rebaja de más de 15 minutos a mi tiempo habitual y todo ello en unas condiciones bastante difíciles. Buen entreno, ojalá el 21 de Abril me encuentre en las mismas condiciones físicas.




El miércoles también llovía (como toda la semana), pero esta vez había pequeños intervalos de descanso entre chubasco y chubasco. Decidí salir sin chubasquero pues el ritmo del día anterior mantenía mis piernas en una situación de necesidad de reposo y mi idea era hacer un entreno más suave y corto. Para no complicarme mucho pensé que sería buena idea practicar las subidas y bajadas por los resbaladizos senderos del Reboldo y dediqué la mañana a ascender y descender el Collado de Los Lobos. Cinco subidas y bajadas pasadas por agua con muchos resbalones y patinazos llenándome las piernas y los pies de barro y empapándome con la lluvia (creo recordar que sólo llovió con intensidad ese día durante las dos horas que estuve entrenando). Cuando las fuerzas empezaron a mermar volví para casa a disfrutar del merecido descanso que me tomaría el día siguiente para recuperar y disfrutar de los compromisos sociales de la semana santa, que no todo es correr y hay que tomarse unas cañas de vez en cuando. Curiosamente, ese día llovió poco. 


El viernes teníamos programado un entrenamiento guiado por el recorrido de la Carrera por Montaña Garganta de los Infiernos para aquellos corredores que querían conocer el nuevo trazado antes de la prueba. Amaneció con lluvias torrenciales en Jerte y por la cabeza de algunos de los que iban a compartir entrenamiento con nosotros rondó la idea de dejarlo para otro día. Afortunadamente, muchos otros, quizá tan “cabezones” o “insensatos” como yo, decidimos seguir adelante con el plan y presentarnos en la plaza de Jerte para disfrutar de una buena mañana pasada por agua. Resultó que, entre jerteños y foráneos, conseguimos reunir un grupo de unos 20 corredores dispuestos a batirnos en duelo contra las adversas condiciones meteorológicas en el campo de batalla de nuestra carrera.


Se acordó dividir el grupo en dos con el fin de ofrecer la posibilidad de un ritmo más vivo a aquellos corredores más rápidos o experimentados y otro más tranquilo a aquellos corredores con menos experiencia. Por suerte o por desgracia a mí me tocó hacer de guía de los corredores rápidos y me tocó cambiar mi perspectiva de entreno tranquilito por uno un poco más exigente. Nuestro grupo estaba formado, en su mayor parte por los chicos del Salamanca Raid & Trail, Suso, Miguel, Jesús y yo.


Después de chapotear por los charcos de Las Merinas, llegamos a Los Pilones. Las incesantes lluvias hacían que el agua pasara con gran estruendo bajo nuestros pies en el puente. Decidimos sacarnos unas fotos bajo la lluvia antes de continuar nuestro ascenso. El sendero que une Los Pilones con la Garganta Chica se había convertido en un contínuo arroyo en la mayor parte de su recorrido. Los arroyos eran prácticamente pequeñas gargantas y hacían que el entrenamiento tuviera ese plus aventurero que tanto nos gusta a los que corremos por la montaña haciendo que la motivación aumentara dentro de nosotros en cada kilómetro.


La subida al Puente Carrascal no dejó indiferente a nadie y mucho menos la crecida que llevaba la garganta bajo el puente. De nuevo una foto que, lamentablemente, no puede captar el estruendo del agua a nuestra espalda y continuamos hacia el Puente Nuevo. La calzada se había convertido en un resbaladizo arroyo y los pequeños riachuelos de la parte baja eran auténticos ríos que había que cruzar con el agua por encima de las rodillas. Ascendímos de nuevo hacia el Reboldo y “disfrutamos” de las últimas subidas y bajadas entre el barro y los charcos hasta llegar por fin a Jerte en poco más de dos horas y media. Después de una breve despedida y de que algunos puedieran disfrutar de una merecida ducha caliente, tomamos una cañita para compartir las sensaciones experimentadas y conocernos un poco más. Después, cada mochuelo a su olivo con el recuerdo aún en la mente de la mañana que hemos compartido, deseando disfrutar de algo parecido el día 21 pero sabiendo que será difícil que se den las mismas condiciones.




El sábado tocaba el plato fuerte de la semana pues tenía planeada una nueva entrega de los entrenos específicos con Luis para la Travesera. En esta ocasión queríamos alargar el recorrido que hicimos hace un par de semanas intentando superar los 20km con 2500m positivos que recorrimos aquel día. Al menos esta vez el tiempo nos dió un respiro y no tuvimos que compartir entrenamiento con la lluvia y la nieve como nos pasó la otra vez. La hora de la cita: las 6 de la mañana,  como la otra vez; el lugar: directamente en el puente para evitar que nos señalen con el dedo los que aún están de fiesta a esas horas (es lo malo de vivir en la zona de bares).


Nos ponemos en marcha rápidamente para no perder tiempo pero esta vez el ascenso es más lento, aunque parezca que no, la semana santa también nos pasa factura a los que no salimos de fiesta. Ascendemos y descendemos, como ya es habitual en nuestros entrenos, de la manera más vertical y en línea recta que nos sea posible, intentando adaptar el terreno y el entrenamiento a lo que nos encontraremos este verano en Asturias. Llegamos al Collado de Las Losas y descendemos hasta el Refugio mientras comienza a clarear el cielo. Una vez allí, comenzamos el largo ascenso hasta La Panera. Poco a poco va amaneciendo y cerca de la cima tenemos que enfrentarnos a la niebla y al viento helado. Después de unos momentos de desorientación conseguimos llegar al Canchal de La Pared e iniciar el segundo descenso de la mañana hacia la Majada de Tormantos.


Al llegar abajo, un pequeño picoteo y de nuevo a enfrentarnos al exigente desnivel de la ladera, esta vez hacia arriba. Ascendemos poco a poco, con paciencia, dejando atrás La Vera y acercándonos de nuevo al frío y la niebla que nos esperan en la cima. Una vez arriba volvemos a desorientarnos un poco debido a la niebla hasta encontrar de nuevo el Canchal de La Panera. Iniciamos el descenso hacia el Refugio rápidamente para ganar, poco a poco, temperatura. Después de una larga y dura bajada campo a través nos toca enfrentarnos a la Garganta Chica. Por suerte, el hecho de que la lluvia haya dado una pequeña tregua, nos permite cruzarla sin grandes problemas a pesar de un par de inevitables resbalones. Antes de continuar el ascenso vemos a mi hermano, que también ha salido a entrenar, a lo lejos en el camino de Los Pilones.


Nos ponemos en marcha con la cuarta ascensión de la mañana. Esta vez subimos por la ladera de La Encinilla, también recto y también campo a través para no variar, atravesando la vegetación que nos encontramos a nuestro paso con la cabeza agachada hasta llegar al camino de la Ruta de Carlos V. Continuamos nuestro ascenso compartiendo camino con las cabras monteses hasta llegar, empezando a notar ya la dureza del entrenamiento, a la cima de La Encinilla, conocida como Las Carretas. Desde allí las vistas del Valle y de las gargantas de Asperones y de Las Majadillas son espectaculares. La acumulación de lluvias y de nieve en las cumbres hace que bajen con un caudal descomunal y los chorreros y charcos sean aún más espectaculares.


Comenzamos el descenso hacia el Puente de Las Majadillas, esta vez sin niebla, disfrutando de las vistas y pensando en la posibilidad de un nuevo trazado para endurecer aún más este recorrido con el fin de mejorar nuestra adaptación para Asturias durante el puente de Mayo. Finalizamos el descenso bastante técnico al llegar al puente y aprovechamos para sacar las últimas fotos y grabar algún video de la fuerza con la que baja el agua. Recuperamos fuerzas por última vez y llenamos las botellas de agua para enfrentarnos a la última subida. 


A pesar de ser un ascenso relativamente corto y sencillo, el desnivel y los kilómetros acumulados se hacen notar bastante y subimos con bastante calma y paciencia hasta llegar a la dehesa. Una vez allí comenzamos un descenso de trote tranquilo atravesando las matas de pequeños robles con vistas a Jerte afrontando la última bajada que nos lleva hasta Las Rejollás. Recorremos con calma el largo tramo de pista de tierra y cemento que nos lleva de vuelta hasta Jerte con la satisfacción de haber hecho un buen trabajo. Nos llevamos para casa 8 horas de entrenamiento con 31km y 3000m de desnivel positivo. El próximo mes de Mayo habrá que superarlo añadiendo un par de tramos al recorrido y será, posiblemente, debido a las cerezas, nuestro último entrenamiento juntos antes de enfrentarnos al desafío real de la Travesera.