martes, 18 de septiembre de 2012

Más kilómetros, más diversión:

Siguiendo en la misma tónica de la semana pasada, este también ha sido un fin de semana intenso de entrenamientos y, además, con una divertida y bonita carrera cerca de casa: La IV Crono Asperillas de Casas del Castañar.



El viernes, al llegar a Jerte, no pude resistirme a salir un ratillo a dar una vuelta por los senderos de la Garganta de Los Infiernos y aproveché para estrenar las zapatillas que habían llegado por correo ese mismo día por la mañana. Mi idea era salir a trotar un ratillo ya que el sábado teníamos carrera pero, una vez que me pongo, me cuesta parar. Las probé en la mayoría de terrenos posibles realizando la subida por el Reboldo pasando por la Fuente de Las Latas y el camino de los TresCerros, de ahí una pequeña bajada hasta el sendero de Las Merinas y hasta Los Pilones. Probé qué tal se defendían por piedras sueltas recorriendo el sendero que va de Los Pilones hasta la Garganta Chica y desde ahí hasta el Puente Nuevo subiendo por la calzada. Por último, la bajada por el Collado de Las Losas y la Fuente Jarandilla de nuevo hasta Jerte. Empezaron con un aprobado pero terminaron con notable así que contento con el resultado. Los primeros 13km del fin de semana para quitar la carbonilla salmantina. Las molestias en la pierna derecha cada vez son más leves pero aún se carga bastante después de los entrenamientos cuando me quedo frío.

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El sábado por la mañana me levanto pronto. Hemos quedado a las 8:30 para ir hasta Casas del Castañar. Hoy comienza nuestra “vuelta al cole” reanudándo la Copa de Extremadura de Carreras por Montaña con la Crono Asperillas. Es una carrera más bien corta y el trazado es bastante atractivo. No noto excesivo cansancio en las piernas después del entrenamiento del viernes así que, a pesar de los nervios, me siento bien. 


La salida, al ser una carrera contra el crono, la vamos tomando individualmente cada 30 segundos según el orden que ha establecido la organización. Es la primera carrera que corro en estas circunstancias y tengo que admitir que, cuando comienza la cuenta atrás me noto bastante nervioso y acelerado. Finalmente es mi turno.


Los primeros metros son en una cuesta de cemento con un gran desnivel que me hace subir con pasos muy cortos y lentos y, apenas avanzados unos metros, ya escucho la cuenta atrás del siguiente corredor. Inconscientemente mis piernas se aceleran y empiezo a ir a un ritmo más rápido del que tenía pensado. Noto seca la garganta y me falta el aire. Paso la zona de cemento, los estrechos caminos entre las fincas de cerezos y llego a la ruta de los castaños siempre mirando hacia atrás con temor a ver al siguiente corredor tras mis pasos. Al ver que llevo bastante diferencia con respecto a él, los tramos más duros los hago andando, sobre todo el último tramo de subida muy fuerte con helechos. Por fin llego a la pista y al primer avituallamiento. El siguiente corredor no me ha cogido y veo, al fondo, al que salió delante de mí. Eso me anima y continúo subiendo con un ritmo tranquilo pero firme.

Tras unos kilómetros de subida por pista consigo alcanzarle y pasarle. Me concentro Intentando controlar la respiración y las piernas cuando, de repente, alguien me pasa a toda velocidad. Miro el reloj, 35 minutos. Acaba de pasarme el primero de los corredores que han salido detrás de mí. Le veo alejarse hacia arriba por la pista a toda velocidad. Sigo a mi ritmo hasta alcanzar el tramo de bajada. Toca disfrutar. Ahora empieza la parte que más me gusta. Me dejo llevar hasta la pared que tenemos que saltar y me encuentro con el sendero estrecho de tierra entre robles que tanto me gustó el otro día cuando vinimos a probar el recorrido. Disfruto esta parte de la carrera como un niño, olvidándome de la competición y centrándome en los saltos, esquivas y tramos de subida y bajada más técnicos.

Llego a la parte más alta del circuito y comienza la bajada, aún por estrechos senderos de tierra entre los robles. Me siento bien e intento sacar algo de tiempo soltándome en la bajada. Me da la sensación de ir bastante rápido cuando de nuevo escucho pasos detrás de mí. Ahora es Raúl García (el favorito y vencedor de la prueba) el que me pide paso, miro el reloj de nuevo: 50 minutos. Como un avión, me deja atrás alejándose trocha abajo a toda velocidad. Yo sigo corriendo, cada vez más rápido, aprovechando los últimos metros de bajada. Llego a la pista y al segundo avituallamiento. No bebo ni como nada. Queda poco para la última subida y después ya solo tendré que dejarme caer los últimos 2km hasta la meta. Poco después del avituallamiento, a unos 200m de la subida me pasa Pedrito, también a toda velocidad, de nuevo vuelvo a mirar el reloj: 55 minutos. Raúl le saca unos 5 minutos y ha salido 4 puestos por delante, eso significa que salió 2 minutos antes que Pedro, así que ahora mismo le saca unos 3 minutos (al final de la carrera la diferencia fué de menos de un minuto). 

Mientras voy echando estos cálculos comienzo a notar leves pinchazos en el abdomen. El temible flato está aquí de nuevo. Sin previo aviso y sin tiempo para reaccionar estos pinchazos son cada vez más intensos y empiezo a andar y, dos pasos después, tengo que pararme literalmente. Me encorvo para evitar el dolor, apenas puedo coger aire sin notar una punzada en el abdomen. Algunos corredores que vienen por detrás, entre ellos Isma, se paran a preguntarme si estoy bien. Les digo que sigan. No puedo hacer otra cosa que pararme y esperar a que se pase. Intento seguir tras ellos trotando suavemente o andando mientras sigo notando los pinchazos cuando respiro. Estoy perdiendo mucho tiempo pero no puedo hacer nada. Me encuentro con César que se ha equivocado de camino y ha perdido también mucho tiempo. Me pasan Javi y Susi, Victor, Miguel… 


Por fin llego a la última zona de bajada, veo a Isma a lo lejos. Cuando me voy acercando a él me fijo en que lleva un calcetín en la mano. Me dice que se ha clavado algo en el pie y que aún lo tiene dentro. Me pide que siga, que está bien y que terminará la carrera y luego irá al centro médico a ver qué tiene (Tras recibir atención médica y unos puntos de sutura, se recupera de la lesión). Me alejo de él poco a poco hacia los últimos metros del recorrido. Me adelantan aquí otros dos o tres corredores. El flato aún sigue ahí aunque ahora me molesta un poco menos pero no me permite correr todo lo que quisiera en la bajada. 
 
Por fin llego a la última subida y entro en el colegio con un tiempo de una hora 20 minutos. Es un tiempo aceptable pero me habría gustado rebajarlo los 5 minutos que habré perdido. A veces las cosas no salen como esperamos. 


Susi y Javi han quedado entre los 10 primeros y obtienen trofeo por ser segundo y tercero de la mancomunidad, por detrás de Miguel. En la general, Raúl García, favorito, se hace con la victoria con unos pocos segundos por delante de Pedrito.


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Al dia siguiente, domingo, los planes son realizar un entrenamiento para marcar un primer esbozo del recorrido que tendrá la futura III Carrera por Montaña Garganta de Los Infiernos del 2013. Con las piernas algo más cansadas que el dia anterior nos ponemos en marcha sobre las 9 de la mañana. No es un recorrido definitivo puesto que aún tenemos que ampliar algo la distancia y el desnivel pero las zonas básicas están ya incluídas en el entrenamiento. 


Comenzamos a subir por la Fuente de Las Latas hasta la pista del reboldo. Realizamos un tramo nuevo de pista hacia arriba y, después, cogemos un sendero del año pasado en sentido contrario hasta llegar de nuevo a otra pista del reboldo. Desde aquí el recorrido es como el del año pasado pero al revés. Pasamos por el sendero de Las Merinas hasta Los Pilones. Subimos por el sendero que une Los Pilones con la Garganta Chica dejando el Refugio a nuestra izquierda y aquí comienza el espectáculo de la zona nueva. 


La subida hacia el Puente Carrascal es espectacular. Las piernas no las tenemos todo lo bien que nos gustaría y tenemos que realizar la mayor parte de este tramo andando. Es la zona más técnica de la carrera y, quizá la más dura, pero también la más llamativa en cuanto a vistas y sensaciones. El sendero va serpenteando garganta arriba entre mucha roca suelta y bosque bajo de arbustos y robles. Durante la subida podemos disfrutar del paisaje que hay a nuestro alrededor, es una zona poco transitada por lo que la sensación de contacto con la naturaleza es mayor. Una vez arriba las vistas son magníficas. Comienza una zona de bajada bastante técnica hacia el Puente Carrascal que será el punto central del recorrido.


Una vez recuperadas las fuerzas después de la bajada nos ponemos en marcha recorriendo el sendero que une el Puente Carrascal con la Ruta de Carlos V. Un sendero algo más cómodo pero aún bastante técnico desde el que podremos ver, al otro lado de la garganta, a los corredores que vengan por detrás de nosotros y el camino que hemos recorrido para llegar hasta aquí.


Una vez llegados a la Ruta Carlos V recorremos un primer tramo de tierra por bosque de robles en el Collado de La Encinilla hasta llegar al zigzag de la calzada que nos dejará, finalmente, en el Puente Nuevo. Desde aquí continuamos subiendo por la calzada que nos llevará hasta el sendero de La Venta, que ya recorrimos el año pasado justo al terminar la subida al Collado de Las Losas.  


Al finalizar este sendero, de frente, recorreremos un camino de bajada que nos llevará, por el corazón del reboldo, hasta una pista. Y unos 200m después cogeremos otro sendero que, recorriendo de nuevo el reboldo hacia arriba, nos comunicará con la pista de los Tres Cerros. Bajamos por ella unos 200-300m y bajamos por el rápido camino de los Tres Cerros hasta llegar a la bajada que hicimos el año pasado llegando a la cuesta de cemento de Los Sotos y de ahí a Jerte. 

El recorrido lo marcamos con dos GPS distintos y la diferencia entre uno y otro fué demasiado grande por lo que habrá que repetirlo para obtener un resultado más fiable. Los datos obtenidos nos dejan un total de unos 20km de distancia y unos 700m de desnivel positivo. Seguramente este recorrido sufrirá algunas modificaciones para adaptarlo en longitud y desnivel a lo que tenemos en mente pero los tramos importantes se mantendrán como emblema de la III Carrera Garganta de Los Infiernos que esperamos que sea más espectacular aún que las anteriores ediciones.
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Como guinda del pastel para el fin de semana y, aprovechando que me quedé en Jerte hasta el lunes por la tarde, decidí hacer una última salida el lunes por la mañana con la idea de volver a hacer el recorrido del domingo y tener una segunda opinión en cuanto a distancia y desnivel y, de paso, sacar algunas fotos para poder mostrar los tramos nuevos. Al final la cosa se alargó un poco y terminé modificando la parte final del entrenamiento para mi disfrute particular pero sí que aproveché para sacar fotos de la nueva zona que incluiremos este año.


El entrenamiento lo comencé prácticamente como el del día anterior, aunque con las piernas bastante más pesadas debido a la acumulación de kilómetros de estos días. De vez en cuando me permitía un leve descanso para sacar alguna foto o aprovechaba los tramos en los que tenía que andar para inmortalizar las maravillosas vistas. Tengo que admitir que la subida al Puente Carrascal es una de mis zonas preferidas y podría estar sacando fotos casi a cada paso. Una vez llegado al puente aprovecho para coger agua y recuperar fuerzas. El día no está especialmente caluroso pero estoy sudando bastante y las fuentes están bastante secas este verano.


Sigo mi camino hacia el Puente Nuevo y aquí es donde decido cambiar los planes y, en el desvío de la Ruta Carlos V, decido seguir subiendo hacia lo alto del Collado de La Encinilla en lugar de bajar al Puente Nuevo. Serán unos kilómetros más de subida para despedir el fin de semana con un entrenamiento más completo, además es otra zona que me encanta. Cuando llego a lo alto del collado aprovecho para descansar disfrutando con las vistas de la garganta a mis pies y pienso que, ya que estoy aquí, podría seguir subiendo hasta los Escalerones continuando con el placer de recorrer estas zonas más técnicas y menos transitadas, disfrutando de las vistas y de la sensación de libertad que ofrece este deporte. 


Continúo sacando fotos y recorriendo el sendero hacia los Escalerones. Mis piernas ya no suben al mismo ritmo que antes y empiezo a notarlas bastante más pesadas pero ya no puedo parar hasta llegar. Ya en los Escalerones subo a lo alto de los riscos para sentarme al borde y contemplar la grandiosidad del paisaje mientras repongo fuerzas bebiendo y comiendo algo. Me permito 10 minutos de relax disfrutando del silencio, de las rocas, de las gargantas, del aire y del sol. Después de todo, para eso he subido hasta aquí. Es momento de volver. Llevo dos horas por ahí y aún tengo que bajar hasta Jerte.


Me pongo en marcha con la vuelta notando que las piernas ya no responden igual en la bajada así que me lo tomo con calma. Repongo agua en la fuente de Peñalozana y continúo hasta La Encinilla. Poco a poco voy recorriendo la Carlos V hasta llegar al Puente Nuevo donde aprovecho para coger agua de nuevo. El sol empieza a notarse y el calor aprieta. 


Con las piernas ya bastante cansadas comienzo a subir la calzada hacia el Collado de Las Losas apurando lo poco que me queda de comida en la mochila e intentando no gastar mucha agua pues, a partir de aquí no cogeré más hasta Jerte. En mi cabeza empieza a asomar la idea de bajar por la Ruta de Carlos V hasta Las Pedrizas en lugar de bajar por la Fuente Jarandilla. Eso le daría un plus de kilometraje al entrenamiento y, además, me permitiría disfrutar un poco más de la mañana. 


Ya con vistas a Jerte me dejo convencer y me pongo en camino hacia Las Pedrizas en lugar de bajar directo al pueblo. Me apetece darme el placer de disfrutar un poco más de esta mañana de entrenamiento a pesar del dolor de piernas. Necesito un último “chute” de naturaleza antes de volver a la realidad. Disfruto de la bajada por las trochas y caminos del reboldo. Disfruto, incluso, de los tramos de pista que me llevan poco a poco a la civilización. 


Llego a Las Pedrizas y ya siento el final. El camino se vuelve cada vez más artificial pasando de los senderos a las pistas llenas de piedras sueltas, de ahí a las pistas lisas y muy transitadas de Las Rejollás y de ahí al cemento que, finalmente, me deja en Jerte. Fin del trayecto. Al final han sido unos 27km con 1000m positivos para despedir el fin de semana. 

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martes, 11 de septiembre de 2012

Fin de semana completito y disfrutón:

Este ha sido uno de esos fines de semana que gustan, completito a pesar de que algunas actividades de las que tenía planeadas se han quedado fuera. El exceso del sábado pasado ha hecho que a lo largo de la semana haya arrastrado molestias en el isquiotibial derecho y que haya tenido que mantener reposo hasta el jueves. Aburrido del reposo, el jueves decidí salir por la tarde para ver qué tal respondían las piernas a pesar del dolor y la primera impresión no fué del todo buena. No fuí capaz de aguantar corriendo ni tan siquiera una hora a pesar de hacer algunas paradas para estirar de vez en cuando. Aún así, una vez calentados los músculos el dolor parecía pasar a un segundo plano, lo cual me animó un poco.



El viernes por la tarde aproveché para ir pronto al pueblo y salir a correr por mi ruta habitual en la Garganta de Los Infiernos. Quería probar la reacción de mi pierna ante las subidas y bajadas técnicas de la montaña. De nuevo el dolor se fué desvaneciendo a medida que los músculos entraban en calor y conseguí subir al Collado de Las Losas en 24 minutos (increíblemente uno de mis mejores tiempos) lo cual me animó a continuar probando la reacción de las molestias en la bajada. Me di cuenta de que cuando más me molestaba era en los cambios de pendiente. El cambio de subida a bajada resultaba molesto durante poco más de un minuto y luego todo volvía a la normalidad. Continué mi camino por el Puente Nuevo, Los Pilones, Las Merinas y El Reboldo llegando al pueblo con un tiempo bastante aceptable. Podía darme por satisfecho en cuanto a la respuesta de mi pierna. Ya en casa, después de sentarme un rato y quedarme frío, el dolor, como era inevitable, reaparecía hasta que volvía a calentarme un poco.


El sábado por la mañana tenía pensado montar un rato en bici pero finalmente decidí aprovechar para descansar y disfrutar un poco más de la cama. Ya por la tarde acudimos a Las Casas del Castañar a realizar un entrenamiento de reconocimiento de la carrera del próximo fin de semana (Crono Asperillas 2012) junto a nuestros amigos y organizadores del evento Miguel y Jesús. Al salir del coche apenas podía andar sin cojear pero en cuanto empezamos a subir las primeras cuestas el dolor se desvaneció. El recorrido cuenta con una primera parte bastante dura. En primer lugar recorremos una preciosa subida por un bosque de castaños milenarios en el que tenemos que pelear con las miles de moscas que acuden a la llamada de nuestro sudor. No había visto tantas moscas juntas en mi vida. Poco después continuamos con una subida algo más tendida por una pista forestal hasta que nos adentramos en el tramo de bajada. Quizá esta sea una de las partes más rápidas y atractivas del recorrido ya que podemos dejarnos llevar por un estrecho sendero que serpentea entre los robles con una pequeña subida antes de volver a permitirnos una bajada rápida hasta la siguiente zona de pista forestal. Durante un rato disfrutamos de un camino llano y rápido hasta la segunda subida importante del recorrido que, a buen seguro, se le atragantará a más de uno. Después de alrrededor de 1 km subiendo ya todo será dejarse llevar en una bajada bastante repentina de unos 2 km hasta el final. Al llegar no hay ni rastro de dolor pero, de nuevo en casa, vuelvo a notarlo en cuanto me siento un rato. Por la noche una tormenta apenas me deja dormir. 


Amanece el domingo. En principio tenía idea de ir a escalar un rato por la mañana pero este plan también se cayó del fin de semana así que descanso. Esta tarde participo en una nueva aventura. Será un triatlón corto, de iniciación, organizado por unos amigos de Tornavacas con el objetivo de difundir y fomentar el deporte entre los más jóvenes. Le tengo bastante miedo a la parte de natación ya que hace años que no nado si no es para refrescarme un poco en verano. A las tres y media mi hermano y yo nos ponemos en camino con las bicis hasta Tornavacas por el cordel para ir calentando las piernas antes de la competición. Despacito pero sin pausa llegamos a la piscina cuando aún están compitiendo los más pequeños. Susi nos enseña los recorridos de bicicleta y carrera a pie. Son bastante cortos pero muy explosivos. El recorrido de bici tiene apenas kilómetro y medio pero una subida de más del 20% a apenas 250m de la salida de la piscina (entre otras dificultades) y el recorrido de carrera a pie, de un kilómetro aproximadamente, tiene una pequeña cuesta nada más dejar la bici, un pequeño tramo técnico y una larga subida antes de bajar de nuevo hacia la piscina. El contenido total del triatlón serán 8 largos a la piscina de 25m, y tres vueltas a cada recorrido de bici y carrera a pie. Será corto pero intenso. Nunca respondí bien en trayectos tan cortos.


Llega nuestro turno y nos dejamos caer en el agua. Intento hacer los primeros largos a un ritmo tranquilo pero constante. No aguanto el ritmo ni dos largos. Los dos siguientes los hago cada vez más lentos e intentando controlar la respiración. A partir del quinto largo la carrera se convierte en un suplicio en el que, cada vez que toco el bordillo de la piscina, tengo que parar a recuperar el aliento. Los ánimos de los asistentes nos empujan hacia adelante. Finalmente consigo terminar los ocho largos y salir del agua. A duras penas me pongo los calcetines, las zapatillas y cojo la bici. Soy el último en ponerme a pedalear. No soporto esa posición. 


En la primera cuesta, la más dura, consigo adelantar a mi hermano con un desarrollo bastante fuerte y sigo adelante para intentar recuperar posiciones. Poco después adelanto también a Jose. Parece que he recuperado el pulso y quiero seguir recuperando puestos pero la ventaja que nos llevan los de Tornavacas es demasiado grande y termino el recorrido de bicicleta en cuarto lugar. La transición de bici a carrera a pie es la más dura. 


Me pongo a correr pero mis piernas no responden. Me da la sensación de correr más despacio que ando y noto mis piernas duras como una tabla. Llego a la zona técnica y cruzo el rio a paso de tortuga. La subida la hago muy lenta mientras comienzo a sentir un poco más sueltas las piernas. Ya en la segunda vuelta puedo coger algo de ritmo aunque es demasiado tarde. Termino la carrera en cuarta posición, en unos 40 minutos. El recorrido era corto pero muy intenso y el hecho de ser tan corto y tener que afrontarlo a tope lo ha hecho más duro de lo que parecía en un principio. La satisfacción y el placer de haber experimentado mi primer triatlón me hace tener ganas de disfrutar el siguiente pero aún habrá que entrenar bastante. De nuevo para casa. Hay que descansar que el lunes me espera una larga ruta por las montañas de Gredos.


El lunes tocan diana a las 5 de la mañana. La expedición por la sierra de Gredos consiste en realizar la Ruta de las Cinco Lagunas saliendo de la Plataforma de Hoyos del Espino, ascendiendo hasta la Laguna Grande y subiendo hasta la Portilla del Rey para bajar hasta la Laguna Cimera de las Cinco Lagunas, pasando antes por La Galana (2564m) y la Laguna del Gutre. En total unos 30km por los maravillosos parajes rocosos de Gredos.


A las 7:30 comenzamos el ascenso hacia la Laguna Grande. Lo realizamos a buen ritmo ya que aún no ha amanecido y estamos frescos. La pierna me molesta levemente. El cielo parece bastante cubierto y huele a humo de algún incendio cercano. Justo antes de llegar a la Laguna Grande el sendero se bifurca. Tomamos la dirección del sendero de Las Cinco Lagunas que nos llevará al ascenso de La Portilla del Rey por un valle que nos permite disfrutar de la parte trasera de las cumbres del Circo de Gredos y las primeras vistas de La Galana, al fondo. 


Seguimos el rocoso sendero entreteniendo la vista con algunos machos y cabras monteses, con un ritmo cómodo pero rápido. A las 10:30 ya estábamos en lo alto de la Portilla del Rey con vistas, a nuestros pies, de las Cinco Lagunas. En este punto decidimos dividir el grupo. Mi primo Manuel y yo realizaríamos el ascenso a La Galana mientras el resto bajarían directos a la Laguna Cimera y allí esperarían nuestra vuelta.


Nos ponemos en camino intentando no descender mucho de la cresta para no malgastar energías y poco a poco nos vamos acercando al pico. En principio lo más lógico parece ser intentar el asalto por la cara que tenemos visible ya que parece ser la más tendida pero, una vez allí, nos damos cuenta de que es un ascenso un tanto peligroso ya que es una pared de granito bastante lisa y con una pendiente más elevada de lo que parecía. Por seguridad, decidimos atacar la cumbre por la parte más técnica pero que, en principio parece más asequible. 


Tenemos que descender hacia el valle de la Laguna del Gutre para alcanzar una portilla que nos dejará cerca de la cumbre. El descenso es lento pero sencillo y el ascenso se va haciendo más duro a cada paso. Mucha roca suelta y algún paso más complicado. El canal por el que ascendemos se va haciendo cada vez más estrecho y vertical pero por fin conseguimos llegar a la parte alta de la portilla. A cada lado una caída vertical de unos 200m y en la parte alta, donde nos encontramos, menos de 2m cuadrados. Nos separan de la cima de La Galana apenas 20 m formados por una plancha de granito y unos cuantos canchales. Las nubes cubren de niebla las vistas y hace bastante frío. A pesar de tener tan cerca la cumbre, decidimos no arriesgarnos ya que estamos los dos solos, sin el equipo adecuado y no queremos arriesgarnos a estropear el dia con un disgusto por algún resbalón. Nos conformamos con unas fotos y la firme promesa de volver algún día a terminar lo que hemos empezado. 


Realizamos el descenso por el canal que hemos utilizado para subir y, poco a poco, empezamos a notar el aumento de temperatura. Ya abajo, en la Laguna del Gutre, puedo volver a prescindir del cortavientos. Mientras seguimos los hitos para bajar a las Cinco Lagunas nos encontramos con otro grupo de cabras a las que podemos fotografiar a apenas 2m de distancia. Pasamos un rato con ellas y reemprendemos la bajada. Cuando llegamos al punto de reunión el resto del grupo se ha quedado frio de esperar y decidimos parar para comer más abajo.


Vamos recorriendo las Cinco Lagunas disfrutando de las vistas, observando las truchas, el paisaje y las enormes moles de granito que nos rodean. En lo alto, las nubes comienzan a acumularse y a volverse más negras. El calor del medio día empieza a hacerse notar. Poco después de superar las últimas dos lagunas encontramos una gran roca adornada con multitud de hitos. El lugar llama bastante la atención y decidimos realizar una parada para comer y reponer fuerzas.


Una vez descansados, nos ponemos en marcha con el resto del camino que nos queda por delante. Nuestro objetivo es Navalperal de Tormes. Aún nos quedan unos 10km de sendero recorriendo la garganta alimentada por las Cinco Lagunas. El recorrido se hace un poco “soso” después de las vistas que hemos disfrutado a lo largo de la mañana y el calor de la tarde ya se nota a nuestras espaldas. 


Finalmente llegamos a la zona donde se unen las dos gargantas (la de la Laguna Grande y la de las Cinco Lagunas). Decidimos hacer una última parada y comer algo. Virtualmente es el final de la ruta aunque aún nos quedan 2 o 3 kilómetros de pista forestal hasta Navalperal. Una vez allí esperamos a mi tio que tiene que venir a recogernos para recuperar el coche de la plataforma y volver a Jerte.


Como veis, un fin de semana completito y disfrutón. Ojalá todos fueran así. La pierna sigue molestándome a pesar de haberme tomado el martes de descanso. Espero que mañana se porte tan bien como lo ha hecho este fin de semana y poco a poco se vaya terminando de recuperar. Ahora a esperar el sábado y la Crono Asperillas. A ver qué tal se da.


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domingo, 2 de septiembre de 2012

Jerte - Jarandilla - Jerte (por Ruta de Carlos V):

Este fin de semana han sido las ferias de San Gil en Jerte y yo, para celebrarlo, dediqué la mañana del sábado a superar mi record personal de distancia corriendo uniendo Jerte con Jarandilla por la Ruta de Carlos V en un recorrido de ida y vuelta (unos 50 km muy técnicos que recorrí en unas 7 horas y media). Elegí este día porque era el primer fin de semana del verano en el que las temperaturas no iban a ser muy altas y me permitirían realizar el trayecto sin pasar mucho calor.



Tomo la salida a las 5:30 de la mañana para evitar el mayor tiempo posible de exposición al sol. Aún hay bastante gente por la calle y tengo la suerte de vivir al lado de la zona de bares del pueblo así que me toca salir a escondidas para evitar cualquier comentario jocoso fruto de las borracheras. La luna llena brilla en lo alto e ilumina el camino y el valle al completo y recorro los primeros kilómetros hasta Las Pedrizas pensando en el ritmo que debo llevar para aguantar bien durante todo el trayecto, en si ha sido buena idea haber elegido este día para intentarlo, y en que no me siento en mi mejor momento. Supongo que son los nervios. Con estos pensamientos llego a Las Pedrizas y unos perros me devuelven a la realidad saliendo a darme los buenos días ladrando y corriendo hacia mi. El susto es bastante gordo y tengo suerte de que se aburren pronto de seguirme. Sigo el trazado del Camino de Carlos V subiendo bastante cómodo a un ritmo constante, concentrado en el haz de luz que ilumina los metros que tengo por delante de mis pies, parando solo a fotografiar el pueblo desde lo alto en el cruce de Los Campillos antes de entrar en el reboldo.


Una vez en el reboldo el camino se hace más emocionante y misterioso al dejar atrás las pistas para adentrarse en el sendero que recorre el bosque de castaños y robles. Disfruto de él hasta llegar al Collado de Las Losas y decido modificar el recorrido para evitar los perros de Alfonso, con un susto he tenido bastante. Bajo por la pista hasta el sendero de la venta y lo sigo hasta llegar al sendero que lleva al Puente Nuevo. Bajo por la calzada disfrutándola y al puente, es una gozada verlo tan oscuro. Me hace sentir privilegiado. Aún queda bastante tiempo para que amanezca así que cojo un poco de agua y me pongo de nuevo en marcha para subir cuanto antes el Collado de La Encinilla. Realizo el ascenso con ritmo tranquilo para aguantar corriendo todo lo que me sea posible y, salvo algún tramo más técnico, consigo subirlo casi todo sin apenas andar. Una vez arriba hago la parada de rigor para asomarme al risco. El cielo empieza a volverse más claro, pronto amanecerá. Unas fotos, un trago de agua y a continuar.


El siguiente tramo llano lo realizo a velocidad de crucero, ahora me noto más positivo y con ganas. Me dedico simplemente a disfrutar e intento controlar mis piernas para no ir demasiado rápido, tengo que guardar energías, aún me queda mucho. Llego a Peñalozana y el cielo comienza a iluminarse. Recojo un poco de agua de nuevo y aprovecho para sacar una foto dándome un pequeño descanso antes de continuar. 


El suelo empieza a verse mejor con la claridad del cielo pero mantengo el frontal encendido para evitar tropiezos innecesarios. Al llegar a Los Escalerones me encuentro de frente con una cabra montés que está comiendo tranquilamente. Al verme se asusta y rápidamente desaparece de mi vista. Me asomo al mirador para intentar ver al resto del grupo. Están justo debajo de mí pero soy incapaz de sacarles ninguna foto ya que no hay mucha luz y la cámara no enfoca bien. Es una pena. Resignado continúo con el ascenso.


Cuando llego al brezal ya se ve perfectamente y empieza a notarse el fresco mañanero. Se me quedan las manos heladas y noto el sudor frio en la espalda. Con un poco de suerte llegaré al Collado de Las Yeguas antes de ver el sol. Realizo el último tramo de subida rápidamente para conseguirlo y llego a la cima antes de que haga su aparición. La Vera está ya iluminada por sus rayos. Es hora de reponer fuerzas rápidamente y ponerse cuanto antes con la bajada. Llevo 17km y unas dos horas y media. Aún quedan muchos kilómetros por delante y la bajada es muy dura.


Intento hacer esta parte del camino con un ritmo bastante lento para no forzar la rodilla. Poco a poco voy recorriendo la parte más técnica de la bajada peleándome con las piedras sueltas y los carabones que me cortan el paso continuamente. El sol hace su aparición iluminándolo todo. La verdad es que es un placer sentirlo en la cara después de llevar gran parte del recorrido a mis espaldas. Me hace sentir bien y renueva mis fuerzas animándome a seguir. Llego a la garganta y paro a recoger agua para terminar la bajada. Como un poco y saco unas fotos antes de continuar.  


El siguiente tramo es más cómodo de piso pero la vegetación lo hace muy incómodo. Los arañazos y tropezones son bastante comunes y eso lo hace más cansado. Al final, a pesar de intentar cuidarla, mi rodilla empieza a resentirse. Al menos tengo suerte y no me encuentro con vacas. Llego a la alambrada y entro en la zona de bosque y matorrales, más limpia y cómoda. Ya se ve claramente Jarandilla y veo cerca el final de la primera parte de la aventura. Intento frenar con la pierna derecha para no cargar la rodilla izquierda aunque ya es demasiado tarde. Recorro los senderos que me separan del pueblo y, en poco tiempo, estoy cruzando el Puente de Palos. Ya solo me queda el sendero que pasa cerca del camping y, por fin, llego al final de la ruta en 3 horas y media, con los primeros 26km en las piernas. La rodilla la tengo bastante tocada. Aún me queda volver y la verdad es que me impone bastante respeto pensarlo. Me como el sándwich de nocilla y aprovecho para tomar un ibuprofeno que me calme la rodilla con vistas a la última bajada. 


Sin entretenerme me pongo en marcha con la vuelta. Después de la breve parada los primeros pasos hacia arriba son muy cortos y lentos, cuesta ponerse a correr de nuevo y con cada zancada noto un agudo dolor en las piernas. Saco los bastones para los tramos de más pendiente porque los voy a necesitar. En el sendero del camping, más llano, puedo sentir mis piernas algo más vivas y acelero un poco el ritmo hasta llegar de nuevo al Puente de Palos donde cojo agua para la subida. Será la última parada hasta cruzar de nuevo la garganta arriba, ya con vistas al Collado de las Yeguas. 


La subida por el bosque de robles se hace dura y, salvo algún tramo más llano y menos técnico, tengo que andar bastante o correr muy suavemente. En el tramo de matorral que hay antes de cruzar la alambrada cojo un camino equivocado y me meto por un sendero de ganado que me separa del camino oficial. Termino subiendo la ladera campo a través hasta saltar la alambrada para coger de nuevo el camino bueno. Son cosas que pasan. Una vez en el sendero correcto subo todo lo rápido que puedo ayudándome con los bastones y corriendo en los tramos que tienen menos pendiente para intentar hacer el ascenso lo más rápido posible. La rodilla parece haberse calmado y el ritmo que llevo no es malo del todo, sobre todo teniendo en cuenta lo que he recorrido hasta ahora. Si la vegetación era incómoda en la bajada, en la subida se hace más dura y evidente multiplicando los esfuerzos a realizar en la subida. Por fin consigo llegar, aún con fuerzas, al cruce de la garganta, aprovecho para comer algo y coger agua para el tramo de subida que me queda, el más duro y repentino.


Agacho la cabeza y me pongo en marcha ladera arriba. La pendiente es bastante dura y técnica y empiezo a notar cansancio en las piernas. Llevo unos 30 kilómetros y realizo todo este tramo de subida andando lo más rápido que puedo ayudándome con los bastones. En lo alto veo una pareja de buitres reconociendo el terreno y alguna vaca a lo lejos. 


Empiezo a sentir el calor de las horas centrales del día y el sudor me empapa brazos, piernas y ropa. Tras unos 20 minutos de subida llego por fin de nuevo al Collado de Las Yeguas, muy cansado pero contento. Ya solo queda bajar. Bebo un poco de agua, como algunas pasas y me pongo en marcha con la bajada. Ahora hay que dejarse llevar hasta Jerte. Lo más difícil está hecho. 


La rodilla parece haberse calmado durante la subida y el ibuprofeno ha hecho efecto, aún así me tomo el primer tramo de bajada con mucha calma ya que es bastante técnico, con mucha roca suelta y pasos bastante incómodos, y no quiero sobrecargarme. Cuando llego a la zona de brezos aprovecho para aumentar la velocidad y cojo un ritmo bastante cómodo. Será el ritmo que mantenga a lo largo de toda la bajada. Paso por Los Escalerones pero no paro para continuar a ese paso sin perder el tiempo. No noto excesivo cansancio en las piernas a pesar de llevar unos 35km bastante duros a mis espaldas. Me siento bien y continúo corriendo.

Paso por la fuente de Peñalozana y tampoco paro a coger agua, ahora hay bastantes tramos de sombra y apenas he bebido agua durante la bajada. Decido continuar para no perder ritmo y continúo la bajada. Cuando estoy llegando al risco de La Encinilla empiezo a notar hambre por primera vez en toda la mañana. Es un hambre repentina e insistente y tengo que parar y sacar unos cereales que llevo en la mochila para emergencias. Los devoro como si fuera la última comida de mi vida. Me recuperan las fuerzas y me hacen afrontar el siguiente tramo de bajada con muchas ganas.


Recorro los senderos del Collado de La Encinilla pensando en que ya prácticamente lo tengo hecho. Cuando llego de nuevo al Puente Nuevo llevo unas 6 horas corriendo y unos 40km. Cojo agua por última vez y subo por la calzada andando lo más deprisa que puedo. Las piernas ya no tienen fuerzas para subirla corriendo. Al llegar a la pista continúo trotando hasta el Collado de Las Losas para perder el mínimo tiempo posible. Ya sólo queda la bajada por el reboldo hasta Las Pedrizas y volver a Jerte.


Echo una última mirada al pueblo desde lo alto y me pongo en marcha. De nuevo cojo un ritmo tranquilo pero constante y bajo por el reboldo pensando en todo lo que dejo atrás, en los pensamientos negativos de la mañana que se han vuelto más eufóricos a medida que iba superando tramos. A pesar de que aún me quedan unos 8 km sé que he conseguido terminarlo y eso me anima a seguir. Salgo del reboldo y empiezo el tramo de pistas que me llevará hasta Las Pedrizas. El GPS de queda sin batería cuando llevo unos 45km y unas 6 horas y 45 minutos. Me habría gustado grabar el track completo pero tendré que darme más prisa la próxima vez. Con un ritmo cada vez más lento llego a Las Pedrizas. Los perros de la mañana me miran desde lejos. Esta vez no me dan ningún susto y puedo continuar mi camino hacia Jerte.


Cuando llego a la pista de Las Rejollás me dejo llevar. El camino es mucho más transitable y cómodo y ya sólo quedan un par de kilómetros para llegar a Jerte. Paro en la Fuente de Los Linares y aprovecho para beber agua y celebrar la victoria. Estoy en Jerte de nuevo. Lo he conseguido. A mis espaldas unos 50km y unas 7 horas y media de carrera. La experiencia ha sido más que satisfactoria, he aprendido a controlarme un poco más tanto mental como físicamente y me ha servido de excusa para aspirar de nuevo a aumentar la distancia y la dificultad en los entrenamientos. Todo se andará. Ahora toca descansar y disfrutar de lo que queda de las fiestas (si las piernas lo permiten).

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